lunes, 14 de septiembre de 2009

El Condimento de la Vida- G. K. CHESTERTON

El Condimento de la Vida- G. K. CHESTERTON

Traducción: Alfred Cappra (http://escritorescatolicos.blogspot.com)


Perdónenme si comienza por representar el papel que he jugado en tantas cenas, quiero decir, el papel del esqueleto del festín. Perdónenme si las pocas primeras palabras que lo alcanzan se parecen a una voz hueca de la tumba. Ya que la verdad es que el título mismo de esta serie me hace sentir un poco fúnebre. Cuando me pidieron hablar sobre el Condimento de la Vida, lamento decir que el primer pensamiento que cruzó mi perversa y mórbida mente era que los condimentos, como condimentos, están tan asociados con la muerte cuanto con la vida. Los cadáveres embalsamados y conservados siempre eran envueltos entre condimentos; las momias también, supongo. No soy ningún Egiptólogo para decidir el punto. Pero incluso si ellas eran, usted apenas iría a oler alrededor de una momia en el Museo Británico, tomando profundos respiros y diciendo, " Esto es en verdad el condimento de vida" Egipto era casi una civilización organizada como un cortejo fúnebre; esto es difícilmente una exageración para decir que los vivos viven para servir a los muertos. Y aún supongo que un egipcio actual que andaba caminando por ahí vivo, no estaba en ninguna prisa para ser condimentado. O tome una escena casera más cerca a casa. Supóngase que usted es perseguido por un loco toro; no discutiremos cual animal disfruta más del condimentos de la vida; pero ambos en el momento darán inequívocos signos de vida. Pero el cuadrúpedo debe esperar hasta que él sea matado y cortado en una ternera fría, antes de que él pueda tener el orgullo y el privilegio de ser una ternera condimentada. En breve quiero que usted recuerde ante todo que hubo en la historia, no sólo el condimento de la vida, pero algo más que puede con justicia ser llamado el condimento de la muerte. Y lo menciono primero porque es una especie de parábola; y hay muchas cosas en el mundo moderno que me parecen estar muertas, no decir condenadas, y aún son consideradas muy condimentadas.
No hablaré extensamente de este mórbido paralelo. Que el cielo prohíba que yo pudiera sugerir que algunas damas se parezcan más bien a momias que andan por ahi, con muy hermosas caras pintadas sobre los sarcófagos: o que algunos jovenes caballeros que van al paso exponen toda la cultura y la sutileza selectiva de toros locos. Estoy preocupado con una pregunta mucho más importante detrás de ésta. Me parece que muchísima gente, a quienes estoy lejos de llamar momias o toros locos, están en este momento poniendo más bien demasiada atención a los condimentos de la vida, y bastante poca atención a la vida. No me malinterpreten. Soy muy aficionado a la ternera condimentada y todos los condimentos; siempre he temido que los Puritanos reformadores de repente prohibirán la mostaza y la pimienta como ellos hicieron la malta y el lupulo; sobre el absurdo fundamento de que la sal y la mostaza son tan innecesarias como la música. Pero mientras me resisto a la sugerencia que nosotros debemos comer ternera sin la mostaza, reconozco que hay ahora un peligro mucho más profundo y más sutil que los hombres pueden querer comer la mostaza sin la ternera. Quiero decir que ellos pueden perder su apetito; su apetito para ternera y pan y queso y la amplia luz del día de la vida; y dependan completamente de especias y condimentos. Incluso he sido culpado de defender el condimento de la vida contra lo que llamaban la Vida Simple. He sido culpado hacerme un campeón de la cerveza y los bolos. Por suerte, si yo era un campeón de los bolos, no había ningún peligro de que yo fuera un campeón en los bolos. Pero he jugado juegos ordinarios como los bolos, siempre mal; pero toda la gente sana convendrá que usted nunca se disfruta de un juego hasta que disfrutas ser perdedor en el juego. Aún he jugado al golf en Escocia antes de que Arthur Balfour lo trajera a Inglaterra y se volviera una moda y luego una religión. He sido desde entonces inhibido por una dificultad en cuanto a considerar un juego como una religión, y el secreto horrible de mi fracaso consiste en que yo nunca pude ver la diferencia entre el cricket y el golf, como los jugué cuando yo era un muchacho, " y el minino en la esquina " y potes de miel como los jugué cuando yo era un niño. Quizás aquellos juegos de niñez ahora están olvidados; de todos modos, no revelaré cuan buenos eran esos juegos, no sea que ellos se pongan de moda. Si una vez fueran tomados en serio en aquel mundo más serio, el mundo de Deporte, enormes resultados seguirán. Las tiendas venderán unas Pantuflas especiales para Cazar las pantuflas, o un caddy seguirá al jugador con un bolso lleno de quince pantuflas diferentes. Los potes de miel significarán potes de dinero; y habrá 'una esquina' en " el minino en la esquina".
De todos modos, he disfrutado al igual que todos de aquellos deportes y condimentos de la vida. Pero estoy más y más convencido que ni en tus condimentos especiales ni en los míos, ni en potes de miel ni potes de cuarto de galón, ni en la mostaza ni en la música, ni en cualquier otra distracción de la vida, esta el secreto que todos estamos buscado, el secreto de disfrutar de la vida. Estoy absolutamente seguro de que todo nuestro mundo acabará en la desesperación, a no ser que haya algún modo de hacer que la mente misma, el pensamiento ordinario que tenemos en tiempos ordinarios, más sanas y más felices de lo que ellos parecen estar en este momento, juzgados por las novelas y poemas más modernos. Tienes que estar feliz en aquellos momentos tranquilos cuando recuerdas que estás vivo; no en aquellos momentos ruidosos cuando lo olvidas. A no ser que nosotros podamos aprender otra vez a disfrutar de la vida, no podremos disfrutar por mucho tiempo de los condimentos de la vida. Una vez leí un cuento de hadas Francés que expresó exactamente lo que quiero decir. Nunca crea que el ingenio Francés es superficial; es la brillante superficie de la ironía Francesa, que es insondable. Era sobre un poeta pesimista que decidió ahogarse; y iba bajando por el río, él regaló sus ojos a un hombre ciego, sus oídos a un hombre sordo, sus piernas a un hombre cojo, etcétera, hasta el momento cuando el lector esperaba el chapoteo de su suicidio; pero el autor escribió que este tronco insensato se colocó sobre la orilla y comenzó a experimentar la alegría de la vida: la joie de vivre. La alegría de estar vivo. Tienes que ir con mayor profundidad, y quizás envejecer, para saber cuan verdadera es esa historia.
Si tuviera que preguntarme a mi mismo cuando y donde he sido mas feliz, yo podría, por supuesto, dar las obvias respuestas, verdaderas para mi como para cualquier otro; en algún baile o festín en el tiempo romántico de la vida; en algún triunfo juvenil de un debate; en alguna vista de cosas hermosas en tierras extrañas. Pero es mucho más importante recordar que he sido intensa e imaginativamente feliz los sitios mas extraños porque son más tranquilos. He estado interiormente lleno de vida en una sala de espera fría en una unión desierta de ferrocarril. He estado completamente vivo sentado en un asiento de hierro bajo un horrible poste de luz en un balneario de tercera clase. En breve he experimentado el mero entusiasmo de la existencia en los sitios que comúnmente llamarían tan embotado como el agua estancada. ¿Y a propósito, el agua estancada es aburrida? Los naturalistas con microscopios me han dicho que esta rebalsada con una tranquila diversión. Incluso aquella frase proverbial demostrará que no siempre podemos confiar en lo que es proverbial, cuando profesa describir qué es prosaico. Dudo si es que las quince efusivas fuentes encontradas en tu jardín ornamental contienen a criaturas tan divertidas como aquellas que le microscopio revela; como los perfiles de políticos en caricatura. Y este es sólo un ejemplo fuera de mil, de las cosas que en la vida diaria llamamos aburridas que no son realmente tan aburridas después de todo. Y estoy seguro que no hay ningún futuro para el mundo moderno, a no ser que entienda que no tiene que buscar meramente lo que es más y más excitante, pero más bien el negocio aún más excitante de descubrir la excitación en las cosas que llaman aburridas.
Lo que tenemos que enseñar al joven del futuro, es como disfrutar de él mismo. Hasta que pueda disfrutarse él mismo, se cansara mas y mas de disfrutar de todo lo demas. Lo que tenemos que enseñarle es a divertirse. En este momento él esta más y más dependiente de cualquier cosa que él piensa que lo divertirá. Y, al juzgar por la expresión de su cara, no lo divierte mucho. Cuando consideramos lo que él recibe, es de verdad la maravilla más magnífica y la riqueza y la concentración del entretenimiento. Él puede viajar en un coche de carrera casi tan rápido como una bala de cañón; y todavía tener su coche hecho a la medida y escuchar radios de todos los rincones de la tierra. Él puede conseguir a Viena y a Moscú; él puede oír El Cairo y Varsovia; y si él no puede ver Inglaterra, por la cual él resulta estar viajando, que es después de todo un pequeño asunto. En un siglo, sin duda, su coche viajará como un cometa, y su radio oirá los ruidos en la luna. Pero todo esto no le ayuda cuando el coche se para; y él tiene que pararse sobre una línea, con nada en que pensar. Todo esto no le ayuda incluso cuando la radio se para y él tiene que quedarse inmóvil en un coche silencioso con nada de que hablar. Si usted considera cuales son las cosas vertidas en él, cuales son las cosas que él recibe, entonces de verdad ellas son las cataratas colosales de cosas, Niagaras cósmicos que nunca antes habian sido vertidas en un ser humano ahora son vertidas en él. Pero si consideras lo que sale de él, como consecuencia de toda esta absorción, el resultado que tenemos que registrar es bastante serio. En la vasta mayoría de los casos, nada. Ni siquiera una conversación, como solía ser. Él no conduce argumentos largos, como los jóvenes hacian cuando yo era jóven. El primer y alarmante efecto de todo este ruido es el silencio. Segundo, cuando él realmente tiene el picor para escribir o decir algo, es siempre un picor en el sentido de una irritación.
Todo tiene una mejor y mas solida base; y hay irritación e irritación. Hay mucha diferencia entre la irritación de Aldous Huxley y la irritación de unos pequeños repugnantes degenerados en una novela por Aldous Huxley. Pero honestamente no pienso que soy injusto con toda la tendencia de la epoca, si digo que estan intelectualmente irritados; y por lo tanto sin aquel rico tipo de reposo en la mente con el cual quiero decir, cuando digo que un hombre cuando esta solo puede ser feliz porque él está vivo. Por ejemplo, un hombre de genio (inteligente) de la misma generación, para quien tengo una admiración muy especial, es el Sr. T. S. Eliot. Pero nadie negará que alli había un sentido en el cual, originalmente, aún su inspiración era la irritación. Él comenzó con puro pesimismo; él desde entonces ha encontrado cosas mucho más finas y más sutiles; pero apenas pienso que él ha encontrado reposo. Y es solamente aquí que tendré el descaro para distinguir entre su generación y la mía. Se solía pensador que era impudente para un muchacho criticar a un viejo caballero, Ahora requiere una impudencia mucho más sublime para un hombre más viejo criticar a uno más joven. Aún defenderé mi propia idea del condimento espiritual de la vida aún contra la espiritualidad que encuentra esta vida ordinaria completamente sin condimento. Sé muy bien que el Sr. Eliot describió la desolación que encontró más que la desolación que él sintió. Pero pienso que `The Waste Land' era a lo menos un mundo en el cual él había vagado. Y como estoy describiendo el mundo reciente, también puedo describirlo como él lo ha descrito, en ` Los Hombres Huecos ' - aunque nadie lo describiría como un hombre hueco. Esto es la impresión de muchas impresiones.
De esta manera terminara el mundo
De esta manera terminara el mundo
De esta manera terminara el mundo
No con un estallido, sino con un lamento
Ahora perdóneme si digo, en mi manera tradicional, que estaría condenado su alguna vez me sintiera así. Reconozco las grandes realidades que el Sr. Eliot ha revelado; pero no admito que esto sea la realidad más profunda. Estoy listo para admitir que nuestra generación hizo demasiado del romance y la comodidad, pero incluso cuando yo estaba incómodo estaba más cómodo que esto. Estaba más cómodo en el asiento de hiero. Estaba más feliz en la fría sala de espera. Yo sabia que el mundo era perecible y que iba a terminar, pero no pensé que terminaría con un lamento, pero si de alguna forma con el triunfo de la muerte. Esto es indudablemente un espectáculo grotesco que los bisabuelos todavía deberían estar bailando con indecente jolgorio, cuando la juventud está tan grave y triste; pero en este caso del condimento de la vida, defenderé el apetito espiritual de mi propia edad. Aún seré tan indecentemente frívolo para romperme cantando, y diré a los jóvenes pesimistas:
Unos se mofan; unos se burlan; unos sonríen con afectación;
En la juventud donde nos reímos y cantábamos,
Y ellos podrán terminar con un lamento
Pero nosotros terminaremos con un estallido

jueves, 3 de septiembre de 2009

Una defensa de las novelitas de a penique-G.K.CHESTERTON

Una defensa de las novelitas de a penique-G.K.CHESTERTON

Uno de los ejemplos más raros de la manera en que se desprecia la vida corriente está en la literatura popular, la gran mayoría de la cual nos conformamos con considerar vulgar. Las novelitas para adolescentes pueden carecer de merito literario. Lo que equivale a decir que la novela moderna es pobre en un sentido químico, económico o astronómico. Pero no son intrínsecamente vulgares. En la practica, son el centro de un millón de imaginaciones ardientes.
En siglos pasados, las personas cultivadas ignoraban en bloque la literatura del vulgo. La ignoraban y, por lo tanto, hablando con propiedad, no la despreciaban. Pasar algo por alto sintiendo indiferencia no infla de orgullo a la persona. Uno no se pasea por la calle, retorciéndose arrogante los mostachos, pensando en su superioridad sobre cierta clase de peces avísales. Los antiguos sabios dejaron todo el averno de la literatura popular en una oscuridad semejante.
Hoy en día, sin embargo, aplicamos el principio opuesto. Despreciamos las obras vulgares sin ignorarlas. Corremos cierto peligro de volvernos mezquinos en nuestro estudio de la mezquindad. Actúa de fondo un axioma temible, semejante a la magia de Circe, que dice que si el alma se acerca demasiado al suelo para estudiar algo puede no volver a levantarse jamás. Creo que no hay categoría de la literatura popular sobre la que existan mayor número de errores y exageraciones, el colmo de ridículos, que el estrato mas bajo de la literatura popular para muchachos.
Es un tipo de composición que puede suponerse que siempre ha existido y siempre existirá. Carece de cualquier pretensión de ser buena literatura. Al igual que las conversaciones de sus lectores tampoco pretenden ser oratoria elevada ni los pisos y pensiones que habitan arquitectura sublime. Pero las personas tienen que conversar, estar bajo techo y escuchar cuentos. La necesidad básica de un mundo ideal en que personajes de ficción representan libremente su papel, es infinitamente más antigua y más profunda que las reglas del buen arte. Y es mucho más importante. Durante la infancia, cada uno de nosotros construye un reparto semejante con actores invisibles, pero nunca se le ocurrió a nuestras niñeras corregir su composición mediante una cuidadosa comparación con Balzac. En el oriente, el cuentacuentos profesional viaja de pueblo en pueblo con su pequeña alfombra y de verdad me gustaría que alguien tuviese el valor moral de extender esa alfombra en la plaza Ludgate. Pero no es probable que todos los cuentos del portador de la alfombra sean pequeñas joyas originales. La literatura y la ficción son cosas por completo diferentes. La literatura es un lujo pero la ficción es una necesidad vital. Es dudoso que una obra de arte pueda ser demasiado bréve porque su mérito reside en alcanzar una cima de intensidad. Un cuento nunca puede ser demasiado largo, porque su conclusión es simplemente algo lamentable como las ultimas monedas o la ultima cerilla. Y así, al igual que el aumento de la conciencia artística guía las obras más ambiciosas hacia la brevedad, la extensión fruto de la laboriosidad, aun marca al autentico fabricante de basura romántica. No hay fin a las baladas de Robín Hood, no hay fin a los libros sobre el infalible Dick o los nueve vengadores. Ambos héroes, conscientemente, han sido creados inmortales.
Pero en lugar de basar nuestro debate en reconocer, lo que es de sentido común, que los jóvenes de las clases trabajadoras siempre han tenido, y siempre tendrán, algún tipo de literatura romántica, infinita y desgarbada, para después hacer algún tipo de arreglo para que la misma sea sana; empezamos, por lo general, atacando este tipo de lecturas en su conjunto de una manera exagerada, sorprendidos e indignados porque los recaderos no leen “El egoísta" ni “El arquitecto”. Es costumbre, sobre todo entre jueces, echar la culpa de la mitad de los crímenes que se cometen en la metrópoli a las novelitas baratas. Si un niño de la calle se escapa con una manzana, el magistrado hace notar astutamente que el niño sabía que las manzanas quitan el hambre gracias a sus lecturas. Los propios chavales, cuando les pillan, acusan frecuentemente a las novelitas haciendo gala de gran resentimiento. Es lo mínimo que debemos esperar de gente joven poseedora de un nada despreciable sentido del humor. Si yo hubiera falsificado un testamento, y pudiese despertar compasión echando la culpa del incidente a las novelas del Sr.George Moore, disfrutaría en grado sumo en el empeño.
En cualquier caso, parece ser una idea firmemente asentada en la mente de la mayoría que los chicos de barrio, al contrario que el resto de su comunidad, encuentran los principios rectores de su conducta en los libros.
Sin embargo esta claro que esta objeción, la objeción de los magistrados, nada tiene que ver con la calidad literaria. El Sr.Hall Caine pasea libremente por las calles y no se le puede detener por un anticlímax. La objeción descansa en la teoría de que la mayoría de estas novelitas para adolescentes tiene un tono criminal y envilecido, su mezquino atractivo reside en su codicia y su crueldad. Esta es la teoría de los magistrados y es basura.
Hasta el punto en que he podido comprobarla, en los tenderetes más sucios de los barrios más pobres, esta es la realidad: todo el desconcertante conjunto de la literatura juvenil trata de aventuras, enmarañadas, inconexas e infinitas. No expresa pasión de ningún tipo al no contener personalidad humana alguna. Recorre eternamente los mismos carriles, situados en ciertos tiempos y lugares. El caballero medieval, el duelista dieciochesco y el vaquero aparecen una y otra vez con la misma rígida simplicidad que las figuras humanas estilizadas en el dibujo de una alfombra oriental. Tan posible me resulta imaginar que a un ser humano se le despierten apetitos desenfrenados contemplando una alfombra turca de ese tipo como por la lectura de una narrativa tan austera y deshumanizada como esta.
Algunas de estas historias tratan con simpatía las aventuras de ladrones, forajidos y piratas. Presentan a ladrones y piratas como Dick Turpin o Claude Duval, bajo una luz favorecedora y romántica. Es decir que hacen exactamente lo mismo que Ivanhoe de Scott, Rob Roy de Scott, La dama del lago de Scott, El Corsario de Byron, La tumba de Rob Roy de Wodsworth, Macaire de Stevenson, El pirata de hierro del Sr.Max Pemberton y otras mil obras que se reparten por sistema como regalo de Navidad o premio. A nadie se le ocurre que admirar a Locksey en Ivanhoe llevara a un chico a dispararle flechas japonesas a los ciervos de Richmond Park, a nadie se pasa por la imaginación que el imprudente principio del poema de Wodsworth sobre Rob Roy le convertirá de por vida en chantajista. En nuestra propia clase social, somos conscientes de que esta vida salvaje es contemplada con placer por los jóvenes no por su parecido con la suya propia, sino por sus diferencias. Podemos suponer que, sea cual sea la razón, por la que el joven recadero esta leyendo La roja venganza, seguro que no es porque este empapado con la sangre de amigos y parientes.
En este asunto, como en todos los semejantes, nos perdemos al utilizar la expresiòn clases trabajadoras cuando lo que queremos decir es toda la humanidad menos nosotros mismos. Esta literatura romántica sin importancia no es especialmente plebeya: sencillamente es humana. El filántropo jamás olvida la clase social y la profesión. Dirá, presumiendo un poco, que ha invitado a veinticinco obreros a tomar el te. Si dijese que ha invitado a veinticinco contables, es evidente lo ridículo de clasificar de forma tan burda a la gente. Pero eso es lo que hemos hecho con ese bosque de tontos cuentos: lo hemos estudiado como si fuese una nueva y monstruosa enfermedad cuando, de hecho, no es otra cosa que el corazón, tonto y valiente, del ser humano. Los hombres corrientes siempre serán sentimentales porque el sentimental no es otra cosa que un hombre con sentimientos que no se preocupa de inventar una nueva manera de expresarlos. A estas publicaciones, comunes y corrientes, les falta en lo fundamental cualquier maldad. Expresan los tópicos, vigorosos y heroicos, en los que se apoya la civilización. Esta claro que la civilización o se apoya en tópicos o carece de fundamento. Es evidente que no habría seguridad en una sociedad en la que el comentario del presidente del Tribunal Supremo diciendo que matar a la gente esta mal, fuese considerado un epigrama deslumbrante por su originalidad.
Si los autores y editores del infalible Dick, y otras obras igual de distinguidas, de repente decidiesen atacar a la clase culta, hacer listas con el nombre de todas las personas, por importantes que fuesen, vistas en una conferencia de posgrado, confiscar todas nuestras novelas y advertirnos que debíamos enmendar nuestras vidas, nos enfadaríamos muchísimo. Sin embargo, tendrían más derecho a hacerlo que nosotros ya que ellos, con toda su estupidez, son los normales y nosotros los anormales. Es la moderna literatura culta, no la inculta, la que es clara y agresivamente criminal. Libros que recomiendan el pesimismo y el libertinaje, que harían temblar a cualquier recadero, descansan en las mesas de todos nuestros salones. Si él más ruin propietario del tenderete más sucio de Whitechapel se atreviese a mostrar obras que realmente recomendasen la poligamia o el suicidio, los ejemplares seria secuestrados inmediatamente por la policía. Esos son nuestros lujos. Y con una hipocresía tan ridícula que no tiene paralelo en la historia, al mismo tiempo que despreciamos los chicos barriobajeros por inmorales, discutimos junto a ambiguos profesores de universidad alemanes, si la moral tiene algún valor real. En el mismo instante en que maldecimos las novelitas por promover los robos, estudiamos la idea que la propiedad es un robo. En el mismo momento en que las acusamos muy injustamente de lubricidad e indecencia, leemos alegremente a filósofos que se enorgullecen de su lubricidad e indecencia. A la vez que las acusamos de incitar a los jóvenes a destruir la vida, discutimos tranquilamente si la vida es digna de ser salvada.
Pero somos nosotros la excepción enfermiza, nosotros somos los criminales. Ese debe ser nuestro gran consuelo. La mayoría de la humanidad, con su mayoría de libros vanos y palabras vanas, nunca ha dudado ni dudara que el valor es algo espléndido, la fidelidad digna de alabanza, las damas en peligro deben ser rescatadas y los enemigos vencidos perdonados.
Hay una gran cantidad de personas educadas que dudan de estas normas para la vida diaria, también hay mucha gente que cree ser el Príncipe de Gales. Y tengo entendido que ambas categorías de personas son capaces de mantener conversaciones muy interesantes. Pero el hombre o muchacho corriente escribe cada día en ese diario de su alma que llamamos las novelitas de a penique, un evangelio más claro y mejor que las iridiscentes paradojas éticas que las personas a la moda cambian tan a menudo como de corbata. Puede que disparar a un traidor voluble y falso sea un objetivo moral sumamente limitado. Pero es mejor que ser un traidor voluble y falso, lo que me parece un buen resumen de muchos modelos modernos de conducta, del Sr.D´Annunzio en adelante.
Mientras la sustancia, vulgar y débil, de la simple literatura popular permanezca ajena a una cultura mezquina nunca será sustancialmente inmoral. Siempre está de lado de la vida. Los pobres, los esclavos que realmente han gemido bajo el yugo de la vida, a menudo han estado locos, han sido estúpidos y crueles. Pero nunca les ha faltado la esperanza. Eso es un privilegio de clase social, como los cigarros puros. Su pésima literatura será siempre una literatura “ a sangre y fuego”, como en el fuego del cielo y la sangre de los hombres.

lunes, 31 de agosto de 2009

Un trozo de tiza- G.K.Chesterton

Un trozo de tiza- G.K.Chesterton

Publicado en Enormes Minucias

Recuerdo una espléndida mañana durante las vacaciones de verano, toda azul y plata, en la que, con muy pocas ganas, conseguí apartarme de la tarea de no hacer nada en concreto. Me puse algún tipo de sombrero, recogí mi bastón y me guarde en el bolsillo seis trozos de tiza de brillantes colores. Después entré en la cocina, (que junto al resto de la casa era propiedad de una señora muy honrada y razonable, vecina de una aldea de Sussex) para pedirle a la dueña y ocupante de la cocina, un poco de papel marrón (papel de cartón). Tenía mucho, de hecho, incluso demasiado. Pero estaba equivocada respecto a para que sirve el papel marrón. Ella creía que, si uno quiere papel marrón, es para hacer paquetes, algo que yo no planeaba. A decir verdad es algo que supera mi capacidad mental. Pero la señora le daba muchas vueltas a como algunos papeles eran más resistentes que otros. Aclaré que lo único que pretendía era dibujar, así que no me preocupaba lo que pudiese durar el papel. Lo que me interesaba no era que el papel fuese duro sino absorbente, algo que es indiferente en un paquete. Cuando comprendió que yo quería dibujar, me abrumó con ofertas de papel de cartas. Aparentemente, dio por sentado que si escribo mis notas y cartas en papel marrón viejo es para ahorrar.

Entonces, intenté explicar este delicado matiz lógico: no solo me gusta el papel marrón me gusta el colorido marrón en el papel, como me gusta en los bosques en octubre. O en la cerveza, o en los arroyos que corren entre las turberas en el norte. El papel marrón encarna los primeros trabajos en el primer amanecer de la creación. Con un par de tiza de colores, encuentras en él puntos de fuego, llamaradas de oro, vetas rojas como la sangre y verdes como el mar, como las primeras estrellas que brillaron en la oscuridad. Todo esto se lo dije de pasada a mi casera, mientras me guardaba el papel marrón en el bolsillo junto a las tizas y, posiblemente, otras cosas. Se me ocurre que todos hemos meditado en alguna ocasión sobre lo poéticas y fundamentales que son las cosas que llevamos en los bolsillos. La navaja, por ejemplo, prototipo de toda herramienta humana cuya hija es la espada. Una vez, empecé a escribir un libro de poemas que trataba solamente de las cosas que encontré en mi bolsillo. Pero iba a ser demasiado largo y los poemas épicos están pasados de moda.

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Con mi bastón, mi navaja, mis tizas y mi papel marrón, eché a andar por los blancos acantilados. Trepé por esos contornos colosales que representan lo mejor de Inglaterra al ser a la vez grandes y suaves. Su suavidad es similar a la de los grandes percherones o los abedules. Proclaman a los cuatro vientos, contradiciendo nuestras teorías cobardes y crueles, que los fuertes son misericordiosos. El valle que abarcaba mi vista era tan amable como cualquiera de sus casas pero ,en cuestión de fuerza, era como un terremoto. Saltaba a la visa que las aldeas en aquel inmenso valle habían disfrutado de seguridad durante siglos, pero toda la tierra era como una ola inmensa alzándose para arrastrarlas.

Anduve de un prado a otro, buscando un lugar para sentarme a dibujar. Por lo que más quieran, no supongan que iba a hacer un boceto del natural. Iba a dibujar diablos y arcángeles, ciegos dioses que la humanidad adoraba antes del amanecer de la razón, santos vestidos con brillantes túnicas carmesíes, extraños mares verdes y todos esos símbolos, sagrados o monstruosos, que quedan tan bien dibujados con tizas brillantes sobre papel marrón de dibujo. Son más dignos de ser dibujados que la naturaleza. Y además son mucho más fáciles de dibujar.

Un vulgar artista hubiera dibujado la vaca que estaba pastando en el prado frente a mí, pero, como siempre me equivoco con las patas traseras de los cuadrúpedos, plasmé el alma de la vaca. Podía verla paseando frente a mí a plena luz del día. El alma tenía siete cuernos, era plateada y carmesí, con el misterio de todos lo animales. Así que por más que no pudiese sacar lo mejor del paisaje con un lápiz, no crean que el paisaje no sacaba lo mejor de mí. Creo que este es el error que se comete al estudiar los antiguos poetas anteriores a Woodsworth. La idea general es que no les interesaba la naturaleza ya que no la describieron mucho.
Puede que prefiriesen escribir sobre los grandes hombres a escribir sobre las grandes colinas. Pero estaban sentados sobre las colinas al escribir. Nos dieron menos sobre la naturaleza pero estaban empapados en ella. Pintaron de blanco la túnica de la sagrada virgen con nieve deslumbrante como la que miraban todo el día. Decoraron los escudos de sus paladines con la púrpura y el dorado de sus heráldicas puestas de sol. El verdor de mil hojas se agrupó en la figura verde de Robín Hood. El azul de cientos de olvidados cielos se cambió en el azul de los mantos de la Virgen. Recibían la inspiración en los rayos del sol , como enviada por Apolo.
***

Pero mientras garabateaba en el papel marrón, noté, muy irritado, que había dejado en casa la tiza más exquisita e importante. Revolví todos mis bolsillos pero no encontré nada de tiza blanca. Aunque los conocedores de la filosofía, mejor dicho religión, de dibujar sobre papel marrón conocen la importancia del blanco, tan positivo como esencial, no puedo evitar explicar ahora su significado moral. Una de las grandes verdades que nos revela el arte de dibujar sobre el papel marrón en que el blanco es un color, no su simple ausencia. Es algo brillante y agresivo, tan fiero como el rojo, tan concreto como el negro. Cuando, por así decirlo, tu lápiz esta al rojo vivo, dibuja rosas. Si esta candente, estrellas. Y una de las dos o tres verdades más importantes de la mejor filosofía religiosa, del verdadero cristianismo por ejemplo, es exactamente esa. La principal afirmación de la moral religiosa es que el blanco es un color. La virtud no es la ausencia de vicios o huir de los peligros morales. La virtud es algo concreto e independiente. La misericordia no es abstenerse de crueldad o perdonar el castigo o la venganza. Es algo real y concreto como el sol que uno ha visto o no. La castidad no es abstenerse de una sexualidad malsana, es algo ardiente como Juana de Arco. En pocas palabras, Dios pinta con una amplia paleta pero nunca con tanta hermosura, y casi diría que tan llamativamente, como cuando pinta con el blanco. En nuestra época acepta este hecho y lo expresa en la ropa triste. Porque si fuese cierto que el blanco es algo negativo y discreto, se usaría en los funerales de esta época tan pesimista, en vez del negro o el gris. Veríamos a los señores en las oficinas con abrigos de impecable lino plateado y chistera maravillosamente blancas como lirios del valle. Lo que no sucede.

Pero yo seguía sin encontrar mi tiza.

***
Estaba sentado en la colina a punto de desesperarme. La ciudad más cercana era Chichester y no era ni remotamente probable que allí hubiese una tienda de material de dibujo. Pero sin el blanco, mis dibujitos eran tan absurdos como lo sería el mundo sin gente buena. Me quede mirándolos devanándome los sesos. De repente, me levante soltando carcajadas ,hasta tal punto que las vacas se pusieron a observarme reunidas en comité. Imaginaos alguien que en el Sahara lamentase no tener arena para un reloj de arena, alguien que en medio del océano lamentase no haber traído agua salada para un experimento de química. Estaba sentado sobre un inmenso almacén de tiza blanca. Todo el paisaje estaba compuesto de tiza blanca. La tiza blanca estaba amontonada hasta tocar el cielo. Me incliné y arranque un trozo de la roca sobre la que estaba sentado. No pintaba tan bien como la de las tiendas pero sirvió. Y me quede allí, encantado al darme cuenta que el sur de Inglaterra es algo más que una gran península, una tradición o una civilización. Es algo incluso más admirable: un trozo de tiza.*

*…a piece of chalk. Piece es pedazo y también pintura, obra o pieza.

domingo, 30 de agosto de 2009

En defensa del desatino- G.K.CHESTERTON

En defensa del desatino- G.K.CHESTERTON


Hay dos iguales y eternas maneras de mirar este crepuscular mundo nuestro: podemos verlo como el crepúsculo de la tarde o como el crepúsculo de la mañana; podemos pensar en cualquier cosa, hasta en una bellota caída, como descendiente o como antecesor. Hay veces en que estamos casi abrumados, no tanto con la carga de la maldad como con la de la bondad de la humanidad, cuando sentimos que no somos más que los herederos de un esplendor humillante. Pero hay otras ocasiones en que todo parece primitivo, cuando las antiguas estrellas no son más que chispas salidas de una fogata de muchacho, cuando toda la tierra parece tan joven y experimental que hasta el pelo blanco del anciano, en la exquisita frase bíblica, es como almendros en flor, como el albo espino dado en mayo. Que es bueno para un hombre comprender que él es "el heredero de todo el pasado", suele decirse; punto menos popular, pero de pareja importancia, es que a veces le resulta bueno comprender que no es solamente antecesor, sino también antecesor de prístina antigüedad; resultaba bueno para él preguntarse si no es acaso héroe, y experimentar ennoblecedoras dudas sobre si no es acaso mito solar.
Los asuntos que más cabalmente evocan este sentido de la perdurable infancia del mundo son los realmente nuevos, bruscos y originales de cada edad; y si nos preguntasen cuál fue la mejor prueba de esta intrépida juventud en el siglo XIX, diríamos, con el mayor respeto por sus portentosas ciencia y filosofía, que ella habría de encontrarse en los versos de Mr. Edward Lear en la literatura del desatino. El dong de nariz luminosa, por menos, es original, como fueron originales el primer buque y el primer arado.
Es verdad en cierto sentido que algunos de los más grandes escritores que el mundo ha visto -Aristófanes, Rabelais y Sterne- han escrito desatinos; pero, a menos que nos equivoquemos, es en sentido muy diferente.
El desatino de esos hombres era satírico, es decir, simbólico; una especie de exuberante cabrioleo alrededor de una verdad descubierta. Existe la mayor diferencia del mundo entre el instinto de la sátira, que, viendo en los mostachos del káiser algo típico de él, se los dibuja cada vez más grandes, y el instinto del desatino, el cual, por ninguna razón absolutamente, imagina cómo le quedarían esos mostachos al actual arzobispo de Canterbury si se los dejara en un acceso de abstracción. Nos inclinamos a pensar que ninguna edad que no fuera la nuestra podría haber comprendido que el Quangle-Wangle no significaba absolutamente nada, y que las Tierras de los Bollitos no estaban en ninguna parte. Nos imaginamos que si la narración del juicio de la Sota en Alicia en el país de las maravillas se hubiera publicado en el siglo XVII, habríase igualado al Juicio del fiel de Bunyan, como parodia de las persecuciones del Estado en esa época. Nos imaginamos que si El dong de la nariz luminosa hubiera aparecido en el mismo periodo, todos la habrían supuesto una insípida sátira sobre Oliverio Cromwell.
Es del todo deliberado que citemos principalmente los Versos desatinados de Mr. Lear. A nuestro parecer Mr Lear es cronológica y esencialmente el padre del desatino; lo consideramos superior a Lewis Carroll. En un sentido, por cierto, Lewis Carroll lleva gran ventaja. Nosotros sabemos qué era Lewis Carroll en la vida cotidiana: un caballero singularmente serio y convencional, universalmente respetado, pero con mucho de pedante y algo de filisteo. Así, su extraña doble vida en la tierra y en la región de los sueños acentúa la idea que está en el fondo del desatino: la idea de evasión, de evasión hacia un mundo donde las cosas no se hallan horriblemente fijadas en una eterna justeza, donde los perales dan manzanas y cualquier hombre raro con que uno se cruce puede tener tres piernas. Lewis Carroll, viviendo una vida en la cual habría tronado moralmente contra cualquiera que caminara sobre la parcela de hierba que no le correspondía, y otra vida en la cual habría llamado con alegría verde al sol y azul a la luna, era, por su misma índole dividida, con un pie en cada uno de los dos mundos, un tipo perfecto de la posición del desatino moderno. Su país de las maravillas es una región poblada por matemáticos locos. Sentimos que todo es evasión hacia un mundo de mascarada; sentimos que si pudiéramos penetrar sus disfraces, habríamos de descubrir que Humpty Dumpty y la Liebre de Marzo eran profesores y doctores en teología disfrutando de un feriado mental. Este sentido de la evasión resulta sin duda menos enfático en Edward Lear, a causa de lo completo de su ciudadanía en el mundo de la sinrazón. No conocemos su prosaica biografía como conocemos la de Lewis Carroll. Lo aceptamos como figura puramente fabulosa, según la descripción que hace de sí:
Su cuerpo es perfectamente esférico
y lleva un sombrero de tres cuernos.
Mientras que el país de las maravillas de Lewis Carroll es puramente intelectual, Lear introduce otro elemento del todo diferente: el elemento de lo poético y hasta emocional. Carroll trabaja con la razón pura, pero éste no es contraste tan fuerte; porque después de todo la humanidad, en general, siempre ha considerado la razón como un poco de chanza. Lear introduce sus palabras faltas de sentido y sus criaturas amorfas no con la pompa de la razón, sino con el romántico preludio de ricos matices y obsesionantes ritmos.
Lejanas y escasas, lejanas y escasas,
son las tierras donde moran los jumblies,
es un tipo de poesía por entero diferente al exhibido en Jabberwocky. Carroll, con sentido de pulcritud matemática, hace de todo su poema un mosaico de palabras nuevas y misteriosas. Pero Edward Lear, con sutil y plácida desfachatez, está siempre introduciendo migajas de su dialecto de duendes en medio de relatos simples y racionales, hasta que quedamos poco menos que pasmados al comprobar que sabemos su significado. Hay un genial campanilleo de sentido común en versos como éstos:
Porque su tía Johiska decía:
"Todos saben que es mejor un Pobble cuando le faltan
los dedos de los pies..
lo cual está más allá del alcance de Carroll. El poeta parece tan natural en el asunto, que casi nos mueve a pretender que comprendemos lo que quiere decir, que conocemos las peculiares dificultades de un Pobble, que viajamos hace tanto tiempo como él por la "llanura grombooliana".
Nuestra pretensión de que el desatino es una nueva literatura (casi podríamos decir un nuevo sentido) sería por completo-indefendible si el desatino no fuese nada más que simple capricho estético. Nada sublimemente artístico ha surgido nunca del mero arte, nada más que algo en esencia racional ha surgido nunca de la pura razón. Siempre debe haber un rico terreno moral para cualquier gran producción estética. El principio del arte por el arte es muy buen principio si significa que existe una vital diferencia entre la tierra y el árbol que tiene sus raíces en la tierra; pero es muy mal principio si significa que el árbol puede crecer también con las raíces en el aire. Toda gran literatura ha sido siempre alegórica de una visión del universo entero. La Iliada es grande sólo porque toda la vida es un combate, la Odisea porque la vida es un viaje, el Libro de Job porque toda la vida es un enigma. Existe una actitud en la cual pensamos que toda la existencia podría resumirse en la palabra espectros; otra, algo mejor, en la cual pensamos que se resume en las palabras sueño de una noche de verano. Hasta el melodrama o novela policial más vulgares pueden ser buenos si expresan algo del goce que se siente al pensar en posibilidades siniestras: el saludable anhelo de oscuridad y terror que puede invadirnos cualquier noche al caminar por una calle oscura. Por ello, si el desatino va a ser realmente la literatura del futuro, tiene que ofrecer su versión propia del cosmos; el mundo no debe ser sólo lo trágico, lo romántico, lo religioso, debe ser también lo desatinado. Y aquí nos imaginamos que el desatino, de modo sumamente inesperado, vendrá en ayuda de la visión espiritual de las cosas. La religión ha estado tratando, por espacio de siglos, de hacer que los hombres se regocijen en las maravillas de la creación; pero ha olvidado que una cosa no puede ser por completo maravillosa en tanto que continúe siendo lógica. Mientras consideremos un árbol como cosa obvia, natural y razonablemente creada para alimentar a una jirafa, no podemos maravillarnos cabalmente de él. Cuando lo consideramos como prodigiosa ola de la tierra viviente, que se alarga hacia los cielos sin ninguna razón particular, sólo entonces nos quitamos el sombrero, para asombro del guardián del parque. Todo tiene en realidad otra cara para él, como la luna, hada madrina del desatino. Visto desde otro lado, un pájaro es flor desprendida de la cadena de su tallo; un hombre es cuadrúpedo mendigando sobre sus patas traseras; una casa es sombrero gigantesco para proteger a un hombre del sol; una silla es aparato de cuatro piernas de madera para un tullido que sólo cuenta con dos.
Esta es la faz de las cosas que tiende más realmente al asombro espiritual. Es significativo que en el más grande poema religioso que se ha creado, el Libro de Job, él argumento que convence al infiel no sea (como lo ha representado el fariseísmo meramente racional del siglo XVIII) un cuadro de la ordenada caridad de la creación; sino, por el contrario, un cuadro de su enorme e indescifrable falta de razón. "¿Tú has hecho llover sobre el desierto donde no hay hombres?" Esta simple sensación de maravilla ante las formas de las cosas, y ante su exuberante independencia de nuestras normas intelectuales y de nuestras triviales definiciones, es la base de la espiritualidad, y también del desatino. Desatino y fe (por extraña que pueda parecer la conjunción) son las dos aseveraciones simbólicas de la verdad de que sondear el alma de las cosas con un silogismo es tan imposible como sondear a nuestro Leviatán con un anzuelo. La bien intencionada persona que, por el mero estudio del lado lógico de las cosas, ha decidido que "la fe es desatino", no sabe con qué precisión habla; más tarde puede volver a él bajo la forma de que el desatino es fe.

viernes, 28 de agosto de 2009

Lepanto-G.K.CHESTERTON

Lepanto-G.K. CHESTERTON

Versión de Jorge Luis Borges
(publicada originalmente en el primer número
-noviembre de 1938- de la revista argentina Sol y Luna)




Blancos los surtidores en los patios del sol;
El Sultán de Estambul se ríe mientras juegan.
Como las fuentes es la risa de esa cara que todos temen,
Y agita la boscosa oscuridad, la oscuridad de su barba,
Y enarca la media luna sangrienta, la media luna de sus labios,
Porque al más íntimo de los mares del mundo lo sacuden sus barcos.
Han desafiado las repúblicas blancas por los cabos de Italia,
Han arrojado sobre el León del Mar el Adriático,
Y la agonía y la perdición abrieron los brazos del Papa,
Que pide espadas a los reyes cristianos para rodear la Cruz.
La fría Reina de Inglaterra se mira en el espejo;
La sombra de los Valois bosteza en la Misa;
De las irreales islas del ocaso retumban los cañones de España,
Y el Señor del Cuerno de Oro se está riendo en pleno sol.
Laten vagos tambiores, amortiguados por las montañas,
Y sólo un príncipe sin corona, se ha movido en un trono sin nombre,
Y abandonando su dudoso trono e infamado sitial,
El último caballero de Europa toma las armas,
El último rezagado trovador que oyó el canto del pájaro,
Que otrora fue cantando hacia el sur, cuando el mundo entero era joven.
En ese vasto silencio, diminuto y sin miedo
Sube por la senda sinuosa el ruido de la Cruzada.
Mugen los fuertes gongs y los cañones retumban,
Don Juan de Austria se va a la guerra.
Forcejean tiesas banderas en las frías ráfagas de la noche,
Oscura púrpura en la sombra, oro viejo en la luz,
Carmesí de las antorchas en los atabales de cobre.
Las clarinadas, los clarines, los cañones y aquí está él.
Ríe Don Juan en la gallarda barba rizada.
Rechaza, estribando fuerte, todos los tronos del mundo,
Yergue la cabeza como bandera de los libres.
Luz de amor para España ¡hurrá!
Luz de muerte para África ¡hurrá!
Don Juan de Austria
Cabalga hacia el mar.

Mahoma está en su paraíso sobre la estrella de la tarde
(Don Juan de Austria va a la guerra.)
Mueve el enorme turbante en el regazo de la hurí inmortal,
Su turbante que tejieron los mares y los ponientes.
Sacude los jardines de pavos reales al despertar de la siesta,
Y camina entre los árboles y es más alto que los árboles,
Y a través de todo el jardín la voz es un trueno que llama
A Azrael el Negro y a Ariel y al vuelo de Ammon:
Genios y Gigantes,
Múltiples de alas y de ojos,
Cuya fuerte obediencia partió el cielo
Cuando Salomón era rey.
Desde las rojas nubes de la mañana, en rojo y en morado se precipitan,
Desde los templos donde cierran los ojos los desdeñosos dioses amarillos;
Ataviados de verde suben rugiendo de los infiernos verdes del mar
Donde hay cielos caídos, y colores malvados y seres sin ojos;
Sobre ellos se amontonan los moluscos y se encrespan los bosques grises del
mar,
Salpicados de una espléndida enfermedad, la enfermedad de la perla;
Surgen en humaredas de zafiro por las azules grietas del suelo,-
Se agolpan y se maravillan y rinden culto a Mahoma.
Y él dice: Haced pedazos los montes donde los ermitaños se ocultan,
Y cernid las arenas blancas y rojas para que no quede un hueso de santo
Y no déis tregua a los rumíes de día ni de noche,
Pues aquello que fue nuestra aflicción vuelve del Occidente.

Hemos puesto el sello de Salomón en todas las cosas bajo el sol
De sabiduría y de pena y de sufrimiento de lo consumado,
Pero hay un ruido en las montañas, en las montañas y reconozco
La voz que sacudió nuestros palacios -hace ya cuatro siglos:
¡Es el que no dice "Kismet"; es el que no conoce el Destino,
Es Ricardo, es Raimundo, es Godofredo que llama!
Es aquel que arriesga y que pierde y que se ríe cuando pierde;
Ponedlo bajo vuestros pies, para que sea nuestra paz en la tierra.
Porque oyó redoblar de tambores y trepidar de cañones.
(Don Juan de Austria va a la guerra)
Callado y brusco -¡hurrá!
Rayo de Iberia
Don Juan de Austria
Sale de Alcalá.

En los caminos marineros del norte, San Miguel está en su montaña.
(Don Juan de Austria, pertrechado, ya parte)
Donde los mares grises relumbran y las filosas marcas se cortan
Y los hombres del mar trabajan y las rojas velas se van.
Blande su lanza de hierro, bate sus alas de piedra;
El fragor atraviesa la Normandía; el fragor está solo;
Llenan el Norte cosas enredadas y textos y doloridos ojos
Y ha muerto la inocencia de la ira y de la sorpresa,
Y el cristiano mata al cristiano en un cuarto encerrado
Y el cristiano teme a Jesús que lo mira con otra cara fatal
Y el cristiano abomina de María que Dios besó en Galilea.
Pero Don Juan de Austria va cabalgando hacia el mar,
Don Juan que grita bajo la fulminación y el eclipse,
Que grita con la trompeta, con la trompeta de sus labios,
Trompeta que dice ¡ah!
¡Domino Gloria!
Don Juan de Austria
Les está gritando a las naves.


El rey Felipe está en su celda con el Toisón al cuello
(Don Juan de Austria está armado en la cubierta)
Terciopelo negro y blando como el pecado tapiza los muros
Y hay enanos que se asoman y hay enanos que se escurren.
Tiene en la mano un pomo de cristal con los colores de la luna,
Lo toca y vibra y se echa a temblar
Y su cara es como un hongo de un blanco leproso y gris
Como plantas de una casa donde no entra la luz del día,
Y en ese filtro está la muerte y el fin de todo noble esfuerzo,
Pero Don Juan de Austria ha disparado sobre el turco.
Don Juan está de caza y han ladrado sus lebreles-
El rumor de su asalto recorre la tierra de Italia.
Cañón sobre cañón, ¡ah, ah!
Cañón sobre cañón, ¡hurrá!
Don Juan de Austria
Ha desatado el cañoneo.

En su capilla estaba el Papa antes que el día o la batalla rompieran.
(Don Juan está invisible en el humo)
En aquel oculto aposento donde Dios mora todo el año,
Ante la ventana por donde el mundo parece pequeño y precioso.
Ve como en un espejo en el monstruoso mar del crepúsculo
La media luna de las crueles naves cuyo nombre es misterio.
Sus vastas sombras caen sobre el enemigo y oscurecen la Cruz y el Castillo
Y velan los altos leones alados en las galeras de San Marcos;
Y sobre los navíos hay palacios de morenos emires de barba negra;
Y bajo los navíos hay prisiones, donde con innumerables dolores,
Gimen enfermos y sin sol los cautivos cristianos
Como una raza de ciudades hundidas, como una nación en las ruinas,
Son como los esclavos rendidos que en el cielo de la mañana
Escalonaron pirámides para dioses cuando la opresión era joven;

Son incontables, mudos, desesperados como los que han caído o los que huyen
De los altos caballos de los Reyes en la piedra de Babilonia.
Y más de uno se ha enloquecido en su tranquila pieza del infierno
Donde por la ventana de su celda una amarilla cara lo espía,
Y no se acuerda de su Dios, y no espera un signo-
(¡Pero Don Juan de Austria ha roto la línea de batalla!)
Cañonea Don Juan desde el puente pintado de matanza.
Enrojece todo el océano como la ensangrentada chalupa de un pirata,
El rojo corre sobre la plata y el oro.
Rompen las escotillas y abren las bodegas,
Surgen los miles que bajo el mar se afanaban
Blancos de dicha y ciegos de sol y alelados de libertad.
¡Vivat Hispania!
¡Domino Gloria!
¡Don Juan de Austria
Ha dado libertad a su pueblo!

Cervantes en su galera envaina la espada
(Don Juan de Austria regresa con un lauro)
Y ve sobre una tierra fatigada un camino roto en España,
Por el que eternamente cabalga en vano un insensato caballero flaco,
Y sonríe (pero no como los Sultanes), y envaina el acero...
(Pero Don Juan de Austria vuelve de la Cruzada.)