jueves, 22 de abril de 2010

AVISO!

AVISO:
Les pido disculpa por desaparecer, las vacaciones y el inicio de clase me han alejado temporalmente de Internet, pero ya logre estabilizarme con mis horarios y mi tiempo, voy a retomar este blog que ya cuenta con 23 seguidores! ¿Que tal? Chesterton debe estar riéndose en el cielo. Agradecería si pudieran difundir el blog entre sus conocidos y si pudieran compartir algunos ensayos que ustedes tenga de Chesterton y que deseen compartir. Ahhh casi me olvidaba! Por favor comenten los posteos!!! Comenten lo que sea, una critica, una opinión, un elogio, resalten alguna frase o idea que quieran reflexionar, lo que sea, pero no saben lo feliz que me pone saber que alguien los lee.

Atte. Matías Rojo

Tolstoy- G.K.CHESTERTON

Tolstoy- G.K.CHESTERTON

Traducción de Juan Manuel Salmerón, extraída de su pagina Web: http://juanmanuelsalmeron.com/

Quien desee comprender lo profundo de la influencia del gran hombre que encabeza este articulo y la autentica naturaleza de dicha influencia, no debe dirigirse a sus novelas, por más que sean espléndidas, ni a sus puntos de vista éticos, aun estando tan bien concebidos y claramente explicados. Debe fijarse en la noticia, que acaba de llegarnos de Canadá, sobre un grupo de anarquistas cristianos rusos que han dejado en libertad a sus animales domésticos por considerar inmoral poseerlos o controlarlos. Hay algo en un incidente así que es totalmente independiente la idea puesta en practica .De que sea correcta o equivocada, cuerda o demencial,. Nos hace ver que el mundo sigue siendo joven. Aún quedan formas de pensar tan locamente cuerdas como las que se debatieron bajo el cielo azul de Atenas Aun hay muestras de una fe tan fuerte y practica como la de los musulmanes que conquistaron toda África y Europa al grito de una única palabra. A nuestros políticos y filósofos contemporáneos, en su languidez, les parecerá algo sacado de un sueño que en nuestra época mecánica, homogénea, sujeta con cadenas de hierro, un grupo de europeos, vestidos con chalecos y botas, se dedique a soltar al percherón del trolebús, al cerdo de la cochiquera y al perro de su caseta; solamente por una teoría o un escrúpulo moral. Es como una pagina arrancada de un cuento de hadas, los miembros de la secta Doukhabor acompañando solemnes a su gallina hasta la puerta del corral y deseándola benévolos la mejor de las fortunas al inicio de sus viajes. Todo esto le debe parecer absurdo y confuso al típico líder de nuestra sociedad en esta década, a hombres como el Sr.Balfour o el Sr.Wyndham. Pero hay algo que añadir. Si el Sr.Balfour se convirtiese a una religión que le indicase la obligación moral de entrar en la Cámara de los Comunes haciendo el pino, y entrase haciendo el pino y si el Sr.Wyndham aceptase una creencia que le impusiese teñirse el pelo de azul, y se lo tiñese; ambos serian casi indescriptiblemente mejores y más felices de lo que lo son ahora. Pues solo hay una felicidad que sea posible o imaginable bajo el sol y es el entusiasmo. Esa palabra, rara y espléndida, que ha sufrido tantas vicisitudes. En el siglo XVIII se equiparaba a la locura, en la Grecia clásica a la presencia de un dios.

Este gran acto de coherencia llevada a extremos heroicos que ha sucedido en Canadá, es el mejor ejemplo de la obra de Tolstoy. Tengo por algo cierto que la secta Doukhabor es de un origen totalmente independiente del gran moralista ruso. Sin embargo, apenas cabe duda de que su actual notoriedad y su desarrollo, han sido influenciados por el admirable resumen y defensa que ha efectuado el novelista de sus perspectivas éticas. Tolstoy, además de ser un gran novelista, es uno de los pocos hombres vivos que tienen un punto de vista sólido, autentico y serio sobre la vida. Es una iglesia católica compuesta de un solo miembro que es, a la vez, un Papa algo arrogante y un lego algo sumiso. Es uno de los dos o tres hombres que hay en Europa, con un punto de vista tan propio, que inevitablemente pueden dar su opinión sobre cualquier cosa: la ley de autonomía de las colonias, un poema hindú o una pizca de tabaco. Hay tres hombres vivos semejantes: Tolstoy, el Sr.Bernard Shaw y mi amigo el Sr.Hillarie Belloc. Son diametralmente opuestos pero tienen eso en común, que considerando el abono de sus ideas y el suelo de sus convicciones, las opiniones sobre cualquier tema terrenal nacen como flores en un prado. Hay ciertos puntos de vista que deben adoptar. No se forman una opinión más bien sus opiniones les dan forma a ellos. Tomemos la lista que escribí al azar antes: la ley de autonomía de las colonias, un poema hindú o una pizca de tabaco. Tolstoy diría: “Creo que nuestro estilo de vida debe ser lo más simple posible. Por lo tanto, esa chistera es una monstruosidad negra.” Él diría: “Creo que nuestro estilo de vida debe ser lo más simple posible. Por lo tanto, la ley de autonomía de las colonias se queda a medio camino de forma mezquina. De nada sirve dividir un imperio en naciones si no divide las naciones en personas individuales “. Él diría: “Creo que nuestro estilo de vida debe ser lo más simple posible. Por lo tanto, este poema hindú me interesa. Con todo su aparente barroquismo, los puntos de vista de la ética oriental son más sencillos que los de occidente y por lo tanto me son más próximos”. Él diría: “Creo que nuestro estilo de vida debe ser lo más simple posible. Por lo tanto esta pizca de tabaco es algo maligno. Lleváosla.”. Todo en este mundo, desde la Biblia hasta un par de botas, puede ser eliminado, y lo es, aplicando este principio fundamental de las ideas de Tolstoy: la simplificación de la vida. Cuando tratamos una doctrina semejante con encontramos ante un incidente infinitamente más importante dentro de la historia europea que la ascensión de Napoleón Bonaparte.

La aparición de Tolstoy, con su ética tan sencilla y tan terrible, es importante de muchas maneras. Entre otras cosas, es un comentario muy interesante a la opinión que viene siendo adoptada desde hace medio siglo por los oponentes de lo religioso. El pensador laico y el escéptico han atacado el cristianismo ante todo por fomentar el fanatismo, porque el fervor religioso hace que la gente queme a sus vecinos y dance desnuda por las calles. Parece raro. La religión podría desaparecer y quedarían sistemas éticos y filosóficos capaces de producir suficiente fanatismo como para llenar el mundo. El fanatismo no tiene nada que ver con la religión. Hay teorías científicas serias que, llevadas hasta la última consecuencia, producirían idénticas hogueras en los mercados e idéntica desnudez. Hay partidarios de la moda que se pasearían como Adán y Eva si pudiesen hacerlo de forma elegante. Hay modernos estudiosos científicos de la moral que quemarían vivos a sus oponentes. Y lo harían tan contentos si pudiesen quemarlos empleando algún producto químico nuevo. Si alguien duda de esto, de que el fanatismo es ajeno a la religión pero propio de la naturaleza humana, solo tiene que fijarse en el caso de Tolstoy la secta Doukhabor. Una secta que empezó sin teología alguna, solo con la sencilla idea de que debemos amar al prójimo y nunca jamás emplear la fuerza física contra él, y terminaron considerando algo malvado llevar una maleta de cuero o ir montado en un carro. Un gran escritor contemporáneo borra por completo la teología, niega de un plumazo la validez de las escrituras y de las iglesias, desarrolla un sistema ético en que el amor será el instrumento para la reforma y termina diciendo que no tenemos derecho de golpear a un hombre que esta torturando a un niño en nuestras narices. Continua desarrollando una teoría de la mente y las emociones que podría ser aceptada por el ateo más rígido y termina proclamando que las relaciones sexuales, de donde procede la humanidad, son, no ya inmorales, sino antinaturales. Esto es el fanatismo como siempre ha sido y siempre lo será. Destruid hasta el último ejemplar de la Biblia, habrá persecuciones y orgías salvajes basadas en “Filosofía Sintética” del Sr.Herbert Spencer. Algunos de los pensadores más abiertos de miras de la edad media creían en apilar las gavillas junto a la estaca, y algunos de los pensadores del siglo XIX más abiertos de miras creen en la dinamita.

La realidad es que a Tolstoy con toda su genialidad, con su fe de coloso, con su gran valor y amplios conocimientos de la vida, le falta una sola cosa: no es un místico. Tiene por lo tanto, tendencia a perder la razón. La gente habla de las extravagancias y los frenesís provocados por el misticismo. No es más que una gota de agua en el mar. Desde el comienzo de los tiempos, el misticismo nos ha mantenido cuerdos. Lo que hace enloquecer es la lógica.


Es significativo que con todo lo que se ha dicho sobre la fragilidad mental de los poetas, solo un poeta inglés se ha vuelto loco. Y perdió la razón a consecuencia de un sistema lógico de teología. Se trata de Cowper y su poesía freno el avance de la enfermedad durante muchos años. La poesía, lo que le falta a Tolstoy, siempre ha sido algo curativo. Lo único que ha frenado a la raza humana de los desvaríos del convento, la galera pirata, el cabaret y la cámara de gas, ha sido el misticismo y la idea de que la lógica puede resultar engañosa y algo no ser siempre lo que parece.

martes, 9 de febrero de 2010

Ensayo sobre dos ciudades-G.K.CHESTERTON

Ensayo sobre dos ciudades-G.K.CHESTERTON

Título original: «An essay on two cities», en All Things Considered

Traducción de Juan Manuel Salmerón, extraída de su pagina Web: http://juanmanuelsalmeron.com/


Hace poco caí de Inglaterra en la ciudad de París. Si un hombre cayera de la luna en París, conocería que es la capital de una gran nación. En cambio, si cayera (digamos desde otra parte de la luna) en la ciudad de Londres, no conocería fácilmente que es la capital de una gran nación, y en ningún caso que la nación es tan grande como es. Y sería así aun en el supuesto de que el hombre de la luna no entendiera nuestro alfabeto, como presumiblemente no lo entendería, a menos que la educación elemental en aquel planeta haya alcanzado niveles insospechados. Pero es verdad que lo que distingue a París de Londres puede verse en gran medida en los nombres. Los verdaderos demócratas dicen que Inglaterra es un país aristocrático. Los verdaderos aristócratas dicen (por alguna misteriosa razón) que es un país democrático. Si alguien tiene alguna duda acerca de esta cuestión, solamente ha de fijarse en el nombre de las calles. Casi todas las calles adyacentes al Strand,* por ejemplo, llevan el primer, segundo, tercer, cuarto, quinto y sexto nombre de alguna familia noble, o de parientes y amigos suyos, o de sus lugares de residencia: Arundel Street, Norfolk Street, Villiers Street, Bedford Street, Southampton Street y muchas más. Los nombres son muy variados, a fin de que una misma familia figure con el mayor número de apellidos posible; tenemos así Arundel Street y Norfolk Street, Buckingham Street y Villiers Street. Decir que esto no es aristocrático es pura desvergüenza intelectual. Yo soy un ciudadano normal y corriente, me llamo Gilbert Keith Chesterton. Y confieso que si en el Strand me encontrara tres calles seguidas llamadas Gilbert Street, Keith Street y Chesterton Street, me consideraría una persona socialmente más importante de lo que sería bueno para la sociedad. Si los franceses mandasen en Londres (Dios no lo quiera), tan disparatado les parecería que esas calles se llamaran como el duque de Buckingham, como que se llamaran como yo. Esas calles están junto a una de las principales vías de Londres. Si adoptásemos el sistema francés, una de ellas se llamaría Shakspere Street, otra Cromwell Street, otra Wordsworth Street, y habría estatuas de estas personas al final de sus correspondientes vías, y si alguna calle quedase por nombrar, se la llamaría con la fecha en la que se aprobó la reforma tributaria o se implantó el sistema de tarifas postales.
Imaginemos que un hombre quisiera encontrar personas en Londres guiándose por el nombre de los lugares. Sería el protagonista de una graciosa comedia que ilustraría nuestra falta de lógica. Conociendo que Buckingham Street fue bautizada así en honor de la familia Buckingham, iría, como es natural, a Buckingham Palace en busca del duque de Buckingham. Para su sorpresa, encontraría a una persona muy distinta.** Su sencilla lógica lunar lo llevaría a suponer que si quisiera ver al duque de Marlborough (lo que parece poco probable), lo hallaría en Marlborough House. A quien encontraría sería al príncipe de Gales. Y cuando por fin se enterase de que los duques de Marlborough viven en Blenheim Palace, residencia así llamada por la victoria del duque en la batalla de Blenheim, allá se iría sin duda. Pero si, siguiendo este principio, buscara al duque de Wellington, de nuevo se equivocaría pidiendo al cochero que lo llevase a Waterloo. Me sorprende que nadie haya escrito una novela narrando las disparatadas aventuras de semejante alienígena, en busca de los grandes aristócratas ingleses sin más guía que los topónimos; en busca del duque de Bedford en la ciudad de ese nombre, y en Norfolk al duque de Norfolk. Podría viajar a Wellington, Nueva Zelanda, buscando el lugar de origen de los Wellington. Y en la última escena podría aparecer aprendiendo galés para poder hablar con el príncipe de Gales.
Pero aun si nuestro imaginario viajero desconociese el alfabeto terrestre, creo que seguiría siendo capaz de ver diferencias entre Londres y París, y sobre todo la gran diferencia. No podría leer las palabras «Quai Voltaire», pero sí vería la socarrona estatua y las calles firmes y rectas; sin saber quién fue Voltaire, sabría que la ciudad era volteriana. No sabría que la londinense calle Fleet se llamó así por la prisión de Fleet, pero sí vería que el mismo espíritu nacional que hizo la prisión cerrada y angosta, ha hecho la calle cerrada y angosta. O, si quieren ustedes, la calle acogedora y acogedora la prisión. Yo creo que me sentiría más cómodo en la prisión de Fleet, cómodo en el sentido inglés de la palabra, que al pie de la estatua de Voltaire. Creo que el hombre de la luna conocería Francia sin conocer a los franceses, como creo que conocería Inglaterra sin haber oído la palabra Inglaterra. Porque, como último recurso, todos los hombres hablamos por señas, por signos. Hablar por signos es hablar por estatuas, por ciudades. Columnas, palacios, catedrales, templos, pirámides, constituyen un enorme alfabeto mudo: como si un gigante nos hablara por señas de piedra. Las cosas más importantes se han dicho siempre con signos, aunque fueran, como la Cruz de Saint Paul, signos en el cielo. Si los hombres no entienden los signos, jamás entenderán las palabras.
Por eso me sentiría inclinado a pensar que el objeto principal de la educación debe ser el de devolver la simplicidad. Y si se me apura, diré que el principal objeto de la educación no es aprender cosas, sino desaprenderlas; desaprender lo que hay de pesado y malo en el mundo y volver a ese estado de exaltación y alegría que instintivamente sentimos al escribir para niños. Si a mí me nombraran examinador de examinadores (lo que no parece muy probable), no solo preguntaría a enseñantes y maestros cuánto conocimiento han impartido; les preguntaría cuánta espléndida y desdeñosa ignorancia han erigido, cual regia torre fortificada. E insistiría en que lo importante es enseñar a la gente la simplicidad que les permita ver las cosas de pronto y tal como son. Poco me importa que puedan leer los nombres de las tiendas. Me importa mucho más que puedan leer las tiendas. Poco me preocupa que no puedan decir dónde se halla Londres en el mapa, si saben dónde se halla Brixton camino de su casa. Ni siquiera me interesa que sepan sumar dos y dos en el sentido matemático; me contento con que sepan sumar dos y dos en el sentido metafórico. Aunque toda esta larga digresión puede resumirse en la metáfora que antes he empleado. Me importa muy poco que no conozcan el alfabeto, mientras conozcan el alfabeto mudo.
Por desgracia, tengo observado que, en muchos aspectos de nuestra educación popular, esto no se hace así en absoluto. Enseñamos a nuestros chicos londinenses a ver Londres con ojos simples y desprevenidos. Y Londres es mucho más difícil de ver bien que ningún otro sitio. Londres es un acertijo. París es una explicación. La educación del niño parisino es algo que se corresponde con las claras avenidas y las geométricas plazas de París. El niño parisino que aprende lo que es la razón francesa y el orden romano, puede salir y verlos plasmados en la forma de muchos espléndidos lugares públicos, en las esquinas de muchas calles. Pero el niño inglés que sale a la calle habiendo aprendido algo acerca de un vago progreso y un vago idealismo, no puede verlos en ningún sitio. No puede ver nada en ningún sitio, excepto anuncios de Sapolio*** y el Daily Mail. Debemos o cambiar Londres para adaptarla a los ideales de nuestra educación, o cambiar nuestra educación par adaptarla a la gran belleza de Londres.


*Calle céntrica de Londres.
**A la reina Victoria
***Marca de jabón famosa precisamente por su publicidad.

martes, 15 de diciembre de 2009

Apología-G.K.CHESTERTON

Apología-G.K.CHESTERTON

Primer artículo del número de muestras (adelantado) del "G.K. Weekly" (8 noviembre 1924), semanario dirigido por Chesterton.


Me propongo dar a esta publicación muy mal nombre y aferrarme a él. Cuando se me sugirió que empleará en el título las iniciales de mi nombre, la proposición me inspiró un horror que se ha convertido en aversión. Debo al lector una breve exposición de las razones que me inducieron a aceptarla: la principal de las cuales es que a causa de circunstancias peculiares, es difícil encontrar otro título. Es cierto que los títulos periodísticos son por lo común inadecuados. El periódico llamado Daily Herald probablemente muestre poca afición a la heráldica. El periódico titulado The Nation se ha mostrado siempre particularmente hostil a la nacionalidad. Hasta se podría decir que el órgano de las guildas, llamado New Age (nueva era), debiera llamarse más bien Middle Age (edad media). Pero en nuestra situación hay algo que difiere de todos estos periódicos; no es por simple vanidad que decimos es a la vez universal y único en su clase.

Deseo que esta publicación represente ciertas ideas muy normales y muy humanas; pero es un hecho indiscutible que no serían publicadas en ningún periódico más que en este. No son manías; son sólo tradiciones que serían desestimadas, mientras que las manías son bien recibidas por estar a la moda. Tampoco son excentricidades; no son sino las ideas centrales de la civilización que han sido olvidadas en un maremágnum de excentricidades. Pero por haber sido olvidadas, vuelven a ser nuevas, y porque han sido olvidadas en otras partes, las hallará aquí solamente. Son verdades de sentido común en un mundo en que ese sentido ha dejado de ser común.
Tomaré como principal ejemplo el problema actual de la pobreza y de la riqueza. En el problema, mi posición parecería singularmente sencilla. Y es, sencillamente, que me opongo cordialmente al bolchevismo y a los Trust. Creo que es posible restablecer y perpetuar una razonable y justa distribución de la propiedad privada; y en este periódico daré las razones que inducen a creerlo. Por el momento, lo importante es esto: ninguna otra publicación en este país puede ser cordialmente opuesta, tanto al bolcheviquismo, como a los Trust. Un diario como el Daily Mail opina que debemos tolerar algo de los Trust, porque la única alternativa es el bolcheviquismo. Y él Daily Herald opina que debemos tolerar algo del bolcheviquismo, porque la única alternativa son los trust. El Daily Mail no puede tratar de destruir los trust, porque él forma parte de un Trust. El Daily Herald no puede tratar de derrocar el bolcheviquismo, porque su mejor apoyo lo halla entre los bolcheviques. Para ellos no hay más que dos partidos que tomar, y son opuestos. Pero para mí hay otro, el tercero; y ningún otro diario lo defendería, ni siquiera lo mencionaría. Este tercer camino a seguir ha sido llamado "distributismo", expresando que habría las esperanzas de distribuirla equitativamente la propiedad privada. Pero si yo le diera a este periódico el título de "la revista distributiva" (como se ha sugerido), produciría justamente la impresión que desea evitar. Daria la idea de que un distributista es algo así como un socialista; un pretencioso, un pedante, una persona con una nueva teoría de la naturaleza humana. Mi opinión es que esta solución es simplemente humana y que las otras soluciones son deshumanizadas. Esta es mi opinión. Decir que debemos tener socialismo o capitalismo es como decir que debemos optar por que todos los hombres entren a los conventos o que unos pocos tengan harenes. Si yo negara esa alternativa sexual, no sería necesario llamarme a mí mismo monógamo; me contentaría con llamarme hombre. Apelaría a toda nuestra tradición normal y nacional de virilidad. Si fundara un diario que negara esa alternativa, no querría titularlo "La revista monógama". Y si lo hiciera, 9 personas de cada 10 pensarían que yo era algún otro pedante, levemente distintos de los anteriores, y tendría la vaga idea de que un monógamo era tan loco como un mormón. El paralelo es bastante exacto en este caso. Porque el gran Trust no tiene más derecho de absorber en un monopolio todas las fortunas privadas y afirmar que así defienden la institución de la propiedad, que el que tiene el gran turco de raptar a todas las mujeres y encerrarnos en un harem, afirmando que así defienden la santidad del matrimonio.
Cualquier otro paralelo sería igualmente bueno, en cuanto se tratase del insensato dilema y de la sensata alternativa; y tal vez cuanto más fantástico juega en paralelo, tanto más exactamente se lo podría aplicar al caso. Si todos los diarios hubieran llevado al público la idea de que debemos elegir entre ser vegetarianos o caníbales, podríamos necesitar algún diario indicara ya que esa alternativa era un disparate. Pero no mostraremos muy brillante criterio periodístico si lo tituláramos "El antiantropófago carnívoro". Sería una correcta descripción de nuestra costumbre normal de comer carne de carnero, pero no de comer hombres. Es una bárbara mezcla de griego y del latín, pero con todo, parece ser una palabra realmente científica. Lógicamente si no lingüísticamente, es un término de exactitud perfecta. Pero aunque casi todos somos carnívoros antiantropófago, nunca lo mencionamos, especialmente si queremos convencer a nuestros vecinos de que somos sencillamente personas sensatas; y lo somos, en efecto. La dificultad consiste en que cualquier título que define nuestra doctrina, la hace parecer doctrinal. Y es que la verdadera idea de la propiedad privada ha sido descuidada por la que tan largo tiempo en Inglaterra, que no hay fraseología popular fácil que se refiere a ella. Ha tenido que inventar sus propios términos y son necesariamente confusos y complicados; y es tan antigua esa idea que ha llegado a se nueva. Al mismo tiempo, necesito un título que indique que el periódico es de controversia y que ésta es la tendencia general que defiende. Necesito algo que sea reconocido como bandera aunque esta sea fantástica y ridícula, que algún punto represente un desafío, aunque éste sea recibido con cierta benévola ironía. No quiero un nombre incoloro, y lo más parecido a un símbolo que se me ocurre es sencillamente mi propia bandera.
Por ejemplo, la primera prueba de que algo es familiar, es cuando resulta divertido. Hay bromas respecto a los que se benefician con las guerras y también respecto a los socialistas. Pero no las hay con respecto al Distributista. Cualquiera puede dibujar una caricatura convencional de un socialista poniéndole una corbata roja. Pero nadie puede hacer una caricatura de un hombre que cree en la pequeña propiedad privada bien distribuida, porque no está familiarizado con la teoría ni con el tipo. Ningún visionario puede aventurarse a imaginar cómo sería el cabello de un distributista. Ningún poeta, mojando su pincel en los colores del terremoto y del eclipse, puede colorear la corbata del distributista. No hay imagen familiar que podamos evocar para recordar amigos y enemigos lo que queremos decir. Pero, aunque no haya bromas referentes a la pequeña propiedad, las hay referentes a mí. Comienzan con la antigua y admirable historia de que mi anticuada caballerosidad indujo a ceder mi asientos a tres damas, y siguen con una anécdota más reciente y realista de que mis vecinos se quejaron al administrador de una ruidosa fábrica local con el motivo de que "el señor Chesterton no podía escribir bien", y recibieron está tranquila respuesta: "sí, ya sabemos eso". Nadie cuya notoriedad se base en tales cuentos puede sentirse muy orgulloso de ella. No digo que mi reputación periodística sea particularmente elevada, pero debo reconocer que es probable que sea más difundida que mis opiniones sobre distribución económica. Este ideal sociológico tan natural, ha sido descuidado en Inglaterra tan ciega y totalmente, que creó con sinceridad que mi ideal normal es menos conocido que mi nombre. Es por eso que me veo inducido a emplear el nombre como la única introducción familiar a ese ideal.
Tengo la esperanza de ver invertida esa relación trabajaré en este periódico con el anhelo de que la familiaridad con el nombre disminuya, y aumente el conocimiento de la causa. Tal vez entonces una generación más feliz, que viva en un estado social más sano, se sienta intrigada por las iniciales impresas en el encabezamiento de esta página. Los sabios profesores meditaran sobre el significado de este G. K. jeroglífico; los que conserven la bárbara teoría del siglo XX las interpretarán así: "Good Killing" (Buena Matanza), mientras los que idealizan más piadosamente ese pasado, la traducirán como "Greather Knowlogde" (Mayor Conocimiento). Los estudiosos de la literatura contemporánea supondrán que forman una especie de monograma de "God and Kippling" (Dios y Kippling) o posiblemente Kipps, mientras los historiadores dinásticos probarán que no era sino una transposición de "George King" (Rey Jorge). Pero no me preocupará mucho lo que digan, siempre que sea en un país libre, donde los hombres puedan volver a poseer algo.
No hay destinos más noble que ser olvidado como enemigos de una herejía olvidada, ni mayor éxito que llegar a ser superfluo; bien esta aquel que puede ver su paradoja implantada de nuevo como un lugar común, o su fantasía desechada como una pluma cuando las naciones renuevan su juventud, a la manera de las águilas; y cuando no sea absurdo decir que la granja deba pertenecer al granjero, y ni que parezca una idea brillante sugerir que el hombre debe vivir en su casa, así como es dueño de su sombrero. Entonces, las trompetas del triunfo nos dirán quizá ya no somos necesarios.

martes, 1 de diciembre de 2009

¿Por qué creo en el Cristianismo?-G.K.CHESTERTON

¿Por qué creo en el Cristianismo?-G.K.CHESTERTON.

Traducción: Alfred Cappra (http://escritorescatolicos.blogspot.com)

Reimpreso en The Religious Doubts of Democracy (1904) (La Religión duda de la Democracia Y "The Blatchford Controversies" (in The Collected Works of G.K. Chesterton, Vol. 1) (Las controversias con Blatchford)

No es mi intención faltarle el respeto al Sr. Blatchford al decir que nuestra dificultad yace enormemente en el hecho de que él, igual que masas de inteligentes personas estos días, no entiende qué es teología. Cometer errores en la ciencia es una cosa, equivocar su naturaleza es otra. Y al leer “Dios y mi Vecino” (God and My neighbour), gradualmente vine a mi la convicción de que él cree que teología es el estudio respecto de si los cuentos sobre Dios relatados en la Biblia son históricamente demostrables. Esto es como si él tratara de probar a un hombre que el Socialismo era Economía Política, y comenzara a darse cuenta, a la mitad del camino, que el hombre pensaba que Economía Política significaba el estudio sobre si los políticos son economistas.
Es muy difícil de explicar brevemente la naturaleza de todo el estudio viviente, sería igual de difícil como explicar política o ética. Por más grande y obvia que sea una cosa, y nos mire directamente a la cara, más difícil nos es de explicar. Cualquier persona puede definir zoología (conchology) Nadie puede definir Moral.
Sin Embargo, tenemos la idea de tratar de explicar esta filosofía religiosa, que era, y que será nuevamente, el estudio de las inteligencias más elevadas, y la fundación de las naciones más poderosas, pero que nuestra pequeña civilización a olvidado por un tiempo, al igual como ha olvidado como bailar y como vestirse a si misma. Voy a tratar y explicar, por qué creo que una filosofía religiosa es necesaria, y por qué creo que el Cristianismo es la mejor filosófica religiosa. Pero antes de hacerlo, quiero que tengan en mente dos hechos históricos. No les pido que dibujen mi deducción de ellos ni ninguna deducción de ellos. Les pido que los recuerden como meros hechos a través de ésta discusión
1.- El Cristianismo se levanto y esparció en una cultura y un mundo muy cínico, un mundo muy moderno. Lucrecio fue tan materialista como Haeckel, y un escritor mucho más persuasivo. El mundo romano ha leído “Dios y mi Vecino”, y de una manera un tanto cansada pensó que era bastante verdadero. Vale la pena notar que la religión casi siempre se levanta de estas civilizaciones escépticas. Un libro reciente sobre la literatura Pre-Mahometana de Arabia describe una vida enteramente pulida y lujosa. Era tan Buda, nacida en el vigor de una antigua civilización. Así fue con el Puritanismo en Inglaterra y la Renovación Católica en Francia e Italia, las cuales ambas nacieron en el racionalismo del Renacimiento. Es así hoy día; siempre es así. Vayan a los dos centros de libre pensadores más modernos, Paris y América, y los encontrarán llenos de demonios y ángeles, de viejos misterios y nuevos profetas. El Racionalismo esta luchando por su vida en contra de unas jóvenes y vigorosas supersticiones.
2.- El Cristianismo, el cual es una religión muy mística, ha sido, sin embargo, la religión de la parte más práctica de la humanidad. Tiene lejos muchas más paradojas que las filosofías Orientales, pero también construye lejos mejores carreteras.
Los Musulmanes tienen una pura y lógica concepción de Dios, el Monista Ala. Pero él se mantiene bárbaro en Europa, y el pasto no va a crecer donde el ponga su pie. El Dios Cristiano es Trino, “la complicada trinidad”, que pareciera una contradicción caprichosa en sus términos. Pero en acción él domina la tierra, e incluso el más inteligente Oriental sólo puede combatirlo imitándolo primero. El Este tiene lógica y vive de arroz. La Cristiandad tiene misterios y autos a motor. No importa, como decía, la inferencia, registremos los hechos.
Ahora con estas dos cosas en la mente, déjame tratar y explicar lo que la teología Cristiana es.
El completo Agnosticismo es la actitud obvia del hombre. Todos somos Agnósticos hasta que descubrimos que el Agnosticismo no funcionará. Después, adoptamos alguna filosofía, la del Sr. Blatchford o la mía o la de algún otro, pero por supuesto, el Sr. Blatchford no es más Agnóstico de lo que yo soy. El Agnóstico diría que no sabe si el hombre es responsable por sus pecados. El Sr. Blatchford dice que él sabe que el hombre no lo es.
Aquí tenemos la semilla de todo el tremendo árbol del dogma. ¿Por qué el Sr. Blatchford va más allá del Agnosticismo y afirma que ciertamente no hay libre albedrío? El desea que ningún hombre sea condenado por sus pecados. Por lo tanto, el tiene que dejar a sus discípulos bastante seguros de que Dios no los creó libres, y por ello culpables.
Ninguna duda Cristiana debe correr por la mente del Determinismo. Ningún demonio debe susurrarle, en algún momento de enojo, que a lo mejor el promotor de la compañía fue responsable de fraudulentamente enviarlo al trabajo arduo (workhouse) Ningún repentino escepticismo debe sugerirle, que a lo mejor el rector del colegio fue culpable de azotar a un niño pequeño hasta la muerte. La fe Determinista debe mantenerse firme, o sino, ciertamente, la debilidad de la naturaleza humana llevará a los hombres a estar enojados cuando son calumniados o patearan de vuelta cuando sean pateados. En breve, el libre albedrío pareciera a primera vista pertenecer a lo Desconocido. Y todavía el Sr. Blatchford no puede predicar lo que para él parece caridad común sin afirmar un dogma sobre el tema. Y yo no puedo predicar lo que a mi parecer es honestidad común sin afirmar otro.
Aquí esta la falla del Agnosticismo. Que nuestra visión-diaria de las cosas que (en el sentido común) sabemos, en realidad depende de la visión de las cosas que (en el sentido común) no sabemos. Está de los más bien decirle a un hombre, como lo hacen los Agnósticos, “cultive su jardín” Pero suponga que un hombre ignora todas las cosas que están fuera de su jardín, y entre ellas ignora el sol y la lluvia
Este es el hecho verdadero. No se puede vivir sin dogmas respecto a estas cosas. No se puede actuar, por veinticuatro horas sin decidir si tener o no a las personas por responsables. La teología es un producto mucho más práctico que la química.
Algunos Deterministas imaginan que el Cristianismo invento un dogma como el libre albedrío para divertirse- una mera contradicción. Esto es absurdo. Uno tiene la contradicción donde quiera que esté. Los Deterministas me dicen, con un grado de verdad, que el Determinismo no hace diferencia en el diario vivir. Eso quiere decir – que aunque los Deterministas sepan que las personas no tienen libre albedrío, igual van y las tratan como si lo tuvieran.
La diferencia entonces es muy simple. El Cristiano pone la contradicción dentro de su filosofía. El Determinista la pone en su diario vivir. El Cristiano declara como de Perogrullo el misterio que el Determinista llama sinsentido. El Determinista tiene el mismo sinsentido para desayunar, almorzar, tomar once, y cenar todos los días de su vida.
El Cristiano, repito, pone el misterio dentro de su filosofía. Ese misterio, por su oscuridad, ilumina todas las cosas. Una vez concedido eso, la vida es vida, el pan es pan y el queso es queso; puede reír y pelear. El Determinista hace el tema de la voluntad lógico y lucido; y en la luz de la lucidez todas las cosas son oscurecidas, las palabras no tienen significado, acción ni propósito. Ha hecho su filosofía un silogismo y a él mismo un lunático incoherente.
No es una cuestión entre misticismo y racionalismo. Es una cuestión entre misticismo y locura. Por el misticismo, y el misticismo sólo, se ha mantenido al hombre cuerdo desde el principio del mundo. Todos los caminos rectos de la lógica han guiado a una especie de pandemónium, al Anarquismo o a una obediencia pasiva, a tratar al universo como una sustancia mecánica o sino como un engaño de la mente. Solamente el Místico, el hombre que acepta las contradicciones, es quien puede reír y caminar fácilmente a través del mundo.
¿Estas sorprendido de que la misma civilización que cree en la trinidad descubrió el vapor? Todas las grandes doctrinas Cristianas son de este tipo. Vean las cuidadosamente y con justicia por ustedes mismos. Tengo sólo espacio para dos ejemplos. El primero es la idea Cristiana de Dios. Justo como todos hemos sido Agnósticos así todos hemos sido Panteístas. En la divinidad de la juventud es facil decir, “¿Por qué un hombre no puede ver a Dios en un ave volando y no estar contento?” Pero después viene un tiempo en el que seguimos y decimos, “Si Dios esta en las aves, no nos dejemos ser solamente hermosos como las aves; seamos tan crueles como las aves; dejémonos vivir en la locura, roja de la naturaleza” Y algo que es sano en nosotros se resiste y dice, “Mi amigo, te estas volviendo loco”
Después viene el otro lado y decimos: “Las aves son odiosas, las flores son vergonzosas. No dare una alabanza para en ella basar al universo” Y la parte sana en nosotros dice: “Mi amigo, te estas volviendo loco”
Después viene una cosa fantástica y nos dice: “Estas en lo correcto en disfrutar a las aves, pero equivocado en copiarlas. Hay una cosa buena detrás de todas estas cosas, pero, todas estas cosas están por debajo de ti. El Universo esta en lo correcto; Pero el Mundo es malvado. La cosa que esta detrás de todo no es cruel, como un ave; sino bueno, como un hombre” Y la cosa sana en nosotros dice: “He encontrado el camino correcto”
Ahora, cuando el Cristianismo vino, el mundo antiguo acababa de llegar a este dilema. Escuchaba la Voz del Culto a la Naturaleza gimiendo, “Todas las cosas naturales son buenas. La Guerra es tan sana como las flores. La Lujuria tan limpia como las estrellas.” Y escuchaba también el llanto de los desesperanzados Estoicos e Idealistas “Las flores están en guerra; las estrellas están sucias; nada salvo la conciencia del hombre está bien, y esta está completamente vencida.”
Ambas miradas eran consistentes, filosóficas y exaltadas; su única desventaja era que, la primera lógicamente al homicidio y la segunda al suicidio. Después de una agonía del pensamiento el mundo vio el camino sano entre las dos. Era el Dios Cristiano. El hizo la Naturaleza pero El era Hombre.
Finalmente, queda una palabra por ser dicha respecto a la Caida. Solo puede ser una palabra, y es esta. Sin la doctrina de la Caída toda la idea del progreso no tiene ningún significado. El Sr. Blatchford dice que no hubo una Caida sino un ascenso gradual. Pero la misma palabra “ascenso” implica que sabes para donde estas ascendiendo. A no ser que haya un estándar en que no puedes decir si es que estas ascendiendo o descendiendo. Pero el punto central es que la Caída, como cualquier otro largo camino del Cristianismo esta formado en el lenguaje común ocupado arriba de un autobús. Cualquiera podría decir “Muy pocos hombres son realmente Varoniles” Nadie diría, “Muy pocas ballenas son realmente ballenescas”
Si quieres disuadir a un hombre de beber su décimo whisky tendrías que darle una palmada en la espalda y decirle, “Se un hombre” Nadie que desee disuadir a un cocodrilo de comer a su décimo explorador le daría una palmada en la espalda y diría “Se un cocodrilo” Porque nosotros no tenemos ninguna noción de lo que es un perfecto cocodrilo; ninguna alegoría de una ballena expulsada de su ballenesco Eden. Si una ballena se acercara a nosotros y dijera: “Soy una nueva especie de Ballena; he abandonado la (whalebone)” nosotros no debemos preocuparnos. Pero si un hombre se nos acerca (como muchos se nos acercaran muy pronto) a decir, “Yo soy una nueva especie de hombre. Yo soy el súper-hombre. He abandonado la piedad y la justicia”; nosotros debemos contestar, “Sin dudar tu eres nuevo, pero no estas cerca de ser un hombre perfecto, porque el ya ha estado en la mente de Dios. Nosotros hemos caído con Adán y nosotros ascenderemos con Cristo, pero preferimos caer con Satán, que ascender contigo”