viernes 9 de octubre de 2009

La abuela del dragón- G.K.CHESTERTON

La abuela del dragón- G.K.CHESTERTON.
Publicado en Enormes Minucias.


Encontré el otro día un hombre que no creía en los cuentos de hadas. No me refiero en que no creyese en los incidentes que en ellos se narran: que no creyese que una calabaza confitera pudiera convertirse en una carroza. Desde luego, padecía esa curiosa incredulidad. Y como todas las demás personas que yo he conocido y a quienes los cuentos entretenían aquel era enteramente incapaz de darme una razón inteligente de su escepticismo. Intento aludir a las leyes de la naturaleza, pero pronto desistió. Luego dijo que en las habituales condiciones de la experiencia ordinaria, las calabazas confiteras son inmutables y que todos contamos con su infinitamente prolongada calabacidad. Pero yo le hice notar que semejante actitud no es la que adoptamos especialmente hacia las maravillas imposibles, sino simplemente la actitud que adoptamos hacia todo lo desusado, Si estuviéramos seguros de los milagros no contaríamos con ellos. Las cosas que suceden muy rara vez, quedan fuera de nuestros cálculos, sean o no milagros. Yo no espero que un vaso de agua se convierta en un vaso de vino, pero tampoco espero que un vaso de agua este envenenado con acido prúsico. Yo no procedo en el curso de mis tratos corrientes sobre la base de que el redactor jefe del periódico es un hada; pero tampoco procedo sobre la base que es un espía ruso o el ignorado heredero del sacro imperio romano. Lo que en la vida habitual asumimos no es que el orden natural es inalterable, sino que es mucho mas seguro apostar sobre la probable que sobre lo improbable. Lo cual no afecta a la incredulidad de cada historia que se alegue sobre un espía ruso o una calabaza confitera convertida en carroza. Si yo hubiera visto con mis propios ojos una calabaza confitera convertida en un torpedo panhard, esto no me inclinaría mas a dar por hecho que volvería a ocurrir otra vez la misma cosa. No se me ocurría invertir gruesas sumas de dinero en calabazas confiteras con un propósito financiero con la producción de automóviles. Cenicientas obtuvo del hada un traje de baile; pero no me figuro porque ese suceso dejase despeas de cuidar, como antes su propia ropa.
Pero la opinión de que los cuentos de hadas no pueden en realidad haber sucedido, aunque disparatada, es corriente. El hombre del que hablo era escépticos sobre los cuentos de hadas en un sentido aun más absurdo y perverso. Creía en realidad que los cuentos de hadas no se les deben contar a los niños. Este es uno de esos errores intelectuales que pueden clarasificarse extraordinariamente cerca de los pecados mortales ordinarios. Hay alguna negativas que aunque pueden realizarse, pudiera decirse por motivos de conciencia, acarrean en el mismo acto de ejecutarlas tal abundancia de su propio horror, que un hombre, al perpetrarlas, no solamente ha de enmudecer, sino de corromper ligeramente su corazón. Una de esas negativas fue la de conceder leche a las madres jóvenes cuando sus maridos estaban en el campo opuesto a nosotros. Otra es negarse a que se les cuenten a los niños cuentos de hadas.

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Aquel hombre que había venido a verme a propósito de cierta sociedad tonta de la que soy miembro entusiasta. Era un joven de lozanos colores y corto de vista. Levaba una singular corbata verde y tenía el cuello larguísimo; he observado que los idealistas suelen tener larguísimo el cuello. Quizás es que su eterna aspiración eleva poco a poco sus cabezas más y más cerca de los astros. O quizás tiene algo que ver con el hecho de que mucho de ellos son vegetarianos: quizá evolucionan lentamente hacia el pescuezo de la jirafa para poder así ramonear en las copas de los arboles en los jardines de Kensington. Estas cosas están por encima de mí en todos los sentidos. Sea como quiera, así era el joven que no creía en los cuentos de hadas, y por curiosa coincidencia entro en la habitación cuando yo acababa de dar un vistazo a una pila de libros de literatura amena contemporánea y había empezado a leer los cuentos de Grimm como natural resultado.
Las novelas modernas se alzaban de todos modos ante mí en un rimero; y el lector puede imaginar por si mismo sus títulos. Había una “Instigación suburbana: relato psicológico”, y otra “Psicología instigación: relato psicológico”. Había otra: "Trixy, o un temperamento” y otra. “Odio viril: monocromo” y otra porción de lindezas semejantes. Las leí con real interés, pero, cosa curiosa, acabe por cansarme de ellas y cuando vi los cuentos de Grimm que reposaban accidentalmente sobre la mesa, lance una exclamación de indecorosa alegría. Aquí, aquí por fin podía uno encontrar un poco de sentido común. Abrí el libro y mis ojos cayeron sobre esas esplendidas y satisfactorias palabras: “La Abuela del Dragón”. Por último encontraba algo razonable; por ultimo encontraba algo comprensible; por ultimo encontraba algo verdadero. “¡La Abuela del Dragón!” Mientras estaba paladeando con delicia este primer atisbo de realidad humana corriente, alce de pronto los ojos y vi a aquel monstruo de la corbata verde plantado en la puerta.

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Confío en que escuché con una simple cortesía lo que me dijo acerca de la sociedad; pero cuando incidentalmente aludió a que no creía los cuentos de hadas, explote enteramente fuera de mí.
- ¿Y quien en usted, que no creen los cuentos de hadas? Es mucho más fácil creer en Barba Azul que creer en usted. Una barba azul es una desventura. Pero hay otras corbatas verdes que son un pecado. Es muchísimo más hacedero creer en un millón de cuentos de hadas que creer en un hombre al que no le gustan los cuentos de hadas. Yo besaría a Grimm en lugar de besar la Biblia para jurar por todos sus cuentos como si fueran 39 artículos, antes que decir en serio y con el corazón en la mano que puede existir un hombre como usted; que usted no es una tentación del diablo, o algún embaimiento brotado del vacío. Observé estas sencillas, hogareñas, prácticas palabras: "La abuela del dragón". Esto está bien; esto esta dentro del orden; esto es racional casi hasta la linde del racionalismo. Si hubo un dragón, hubo de tener una abuela. Pero usted, ¡usted no tiene abuela!, si la tuviese le hubiera enseñado a amar los cuentos de hadas. Usted no tiene padre, usted no tiene madre; no puede haber causas naturales que puedan explicar su existencia. Usted no puede existir. Yo creo muchas cosas que no he visto. Pero de cosas tales como usted puede decirse: ¡bienaventurados los que vieron y no creyeron!

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Me parece advertir que no me seguía suficiente sensibilidad, y en vista de ello modere el tono.
-¿No comprende usted -dije- que los cuentos de hadas en su esencia son perfectamente sólidos y rectos, y todas estas interminables novelas sobre la vida moderna son por su naturaleza esencialmente increíbles? Según la fantasía popular, el alma es cuerda, pero el universo es un agitado conjunto de maravillas. El realismo sostiene que el mundo es una cosa obtusa y cuajada de rutina, pero que el alma está enferma y se queja. El problema del cuento de hadas es este: ¿Que hará un hombre sano con un mundo fantástico? El problema de la novela moderna es: ¿Que hará un hombre loco con un mundo tardo e insípido? En los cuentos de hadas, el cosmos enloquece, pero el héroe no enloquece. En las novelas modernas, el héroe está loco antes que comience el libro, y sufre por la firmeza inconmovible y la cruel cordura del cosmos. En el excelente cuento “La abuela del dragón” y en todos los demás cuentos de Grimm, se da por sentado que el joven lanzado a sus peripecias tendrá en sí mismo todas las verdades sustanciales; que será valeroso, lleno de fe, razonable, que respetará a sus padres, cumplirá su palabra, socorrerá o rescatara a algunas gentes, retara a otras, “parcere subjectis et debellare”, etc., y luego una vez colocado en este centro de cordura, el escritor se divierte imaginando qué sucedería si todo el mundo circunstante se volviese loco, si el sol se volviese verde y la luna azul, si los caballos tuvieran seis patas y dos cabezas los gigantes. Pero esa moderna literatura se coloca en la insania como centro. Por consiguiente, pierde hasta el interés de la demencia. Un lunático no es interesante para si mismo, porque es enteramente serio; eso es lo que le hace ser lunático. Un hombre que piensa ser un huevo pasado por agua es ante sí mismo una cosa tan sencilla y corriente como huevo pasado por agua. Un hombre que cree ser una res vacuna, es para sí mismo cosa tan corriente y vulgar como una res vacuna. Sólo la cordura es la que puede ver en la insania incluso una violenta poesía. Por tanto, esos sabios viejos cuentos hacen al héroe corriente y moliente, y extraordinaria a la propia narración. Pero esa otra literatura moderna hace extraordinario al héroe y ordinaria la narración; ordinaria, si, tan extraordinariamente ordinaria…
Vi que me con hablaba con los ojos fijos. Alguno de mis nervios dio en mí un chasquido bajo aquella mirada hipnótica. Me alce sobre los pies y exclamé:
-¡En el hombre de Dios y de la democracia y de "La abuela del dragón" y en nombre de todas las cosas buenas, te conmino a huir y no volver a frecuentar esta casa!
Fuese o no efectivo resultado del exorcismo, lo cierto es que se marchó definitivamente.


Pd: Sepan disculpar los errores de ortografía, les pido que me avisen si encuentran, pasa que últimamente he estado con poco tiempo y no he podido hacer correcciones finales.

jueves 8 de octubre de 2009

El cochero extraordinario-G.K.CHESTERTON

El cochero extraordinario-G.K.CHESTERTON
Articulo publicado en Enormes Minucias.

El día en que encontré al cochero extraordinario había estado comiendo en un pequeño restaurante en Soho con tres o cuatro de mis mejores amigos. Mis mejores amigos son todos o escépticos irremediables o creyentes absolutos; así que nuestra discusión durante la comida giro sobre las más extremas y terribles ideas. Y la discusión acabó por girar exclusivamente sobre este punto: sobre si un hombre puede tener certidumbre sobre alguna cosa. Yo creo que puede tenerla, porque si (como dije a mi amigo, blandiendo furiosamente una botella vacía) es intelectualmente imposible tener certidumbre, ¿qué certidumbre es esa imposible detener? Si yo no he experimentado nunca lo que es certeza, no puedo ni aún decir que nada hay cierto. De modo semejante, si nunca he visto el color verde, no puedo ni siquiera decir que mi nariz no es verde. Puede ser verde, verdísima, y no enterarme de ello si realmente no sé en qué consisten en verde. Nos lanzábamos, pues, imprecaciones el uno al otro y la habitación se estremecía; porque la metafísica es la única cosa completamente emocionante. Y la diferencia que lo separaba era profundísima, porque era una diferencia en cuanto a la finalidad de todo lo que llamamos amplitud espíritu con inteligencia abierta. Porque mi amigo decía que abría su intelecto, como el sol abre los abanicos de una palmera, abriéndolos por abrirnos, abriéndolos de una vez y para siempre. Pero yo dije que yo habría ni intelecto como abría la boca, precisamente para volver a cerrarla sobre algo sólido. Estaba haciéndolo en aquel instante. Y, como señalé acaloradamente, resultaría extraordinariamente idiota y continuarse con la boca abierta sin motivo y de una vez y para siempre.

Bueno, pues cuando la discusión llegó a su término, o por lo menos cuando la dimos por terminada (porque terminar no terminaría nunca) salí a la calle con uno de mis compañeros, que en la confusión y relativa demencia de unas elecciones generales había, no se sabía cómo, resultado miembro del parlamento, y fui con él en un cab desde la esquina de Leicester square hasta la entrada reservada a los miembros de la Cámara de los comunes, donde el policía me recibió con tolerancia perfectamente desacostumbrada si el policía supuso que mi amigo era mi loquero, o si supuso era yo el loquero de mi amigo, es una discusión entre nosotros y dura todavía..

Es indispensable guardar en esta narración lama extremada exactitud en los detalles. Después de dejar a mi amigo en la Cámara, continuar en el cab unos cuantos cientos de yardas hasta una oficina en victoria street, donde tenía que hacer una visita. Luego salí y ofrecía cochero una cantidad mayor que la correspondiente según tarifa. La miró, pero no con la hosca duda y general disposición de comprobar si estaba bien, que no es cosa inaudita entre cochero normales. Pero aquel no era un cochero normal, quizás no eran ni aún un cochero humano. Miro las monedas con asombro apagado e infantil, auténtico con toda evidencia.

-¿Se da cuenta, señor- dijo -, de que solamente me da un chelin y ocho peniques?
Manifesté, no sin cierta sorpresa, que sí, que lo sabía.

-¿Y no sabe, señor- dijo del modo más amable, razonable, suplicante -, no sabe que esa no es la tarifa desde Euston?
-¿Euston?- Repetí vagamente, porque la palabra me sonaba en aquel momento como me hubiera sonado "China" o "Arabia"-. ¿Que diablos tiene que ver aquí Euston?
-Usted tomó el coche precisamente a la salida de la estación de Euston- el peso del hombre a decir con precisión asombrosa -, y luego usted me dijo...
-pero, ¡por el tártaro tenebroso!, ¿qué está usted diciendo? - Dije con cristiana paciencia -. Sólo tome el coche en la esquina sudeste de Leiscester square.
-¿Leicester square?- Exclamó, perdiéndose en una especie de catarata de desprecio-; ¡si no hemos estado en todo el día cerca de Leiscester square! Usted tomó el coche a la salida de la estación de Euston y me dijo...
-¿está usted loco, o lo estoy yo? -Pregunté con científica calma.

Miguel cochero. Ningún otro, habitualmente falto de honradez, hubiera pensado en inventar una mentira tan sólida, tan colosal y tan original. Y aquel hombre no era un cochero falto de honradez. Si alguna vez un rostro humano fue tranquilo y sencillo y humilde, y tuvo grandes ojos azules protuberante como los de una rana; si alguna vez (para no cansar) un rostro humano fue cuanto un rostro humano debe ser, lo era el rostro de aquel quejoso y respetuoso cochero. Mire arriba y abajo de la calle, parecía estar cayendo sobre ella un crepúsculo anormalmente oscuro. Y durante un instante, la añeja pesadilla del escéptico loco toco con sus dedos mis nervios más sensibles. ¿Qué era la certeza racional? ¿Estaba alguien cierto de alguna cosa? ¡Hay que ver los surcos monótonos en que se eternizan los escépticos que andan preguntando si tenemos una vida futura...! La cuestión realmente emocionante para el auténtico escepticismo es si tenemos una vida pasada. ¿Qué es "hace un minuto", racionalmente considerado, sino una tradición y una pintura? La oscuridad se acentúa. El cochero me dio tranquilamente los más complicados detalles de los ademanes, las palabras, el complejo, pero consistente conjunto de actos que habían sido los míos desde aquella memorable ocasión en que yo alquile el coche a la salida de la estación de Euston. ¿Cómo podría yo saber (dirían mis amigos escépticos) que yo no lo había alquilado a la salida de Euston? Yo me Aferraba con firmeza a mi aseveración: el estaba igualmente firme y aferraba la suya. Era palmariamente tan honrado como yo y miembro, además, de una profesión mucho más respetable. En aquel momento el universo y las estrellas se separaron el grueso de un cabello de su equilibrio y los cimientos de la tierra se conmovieron. Pero por la misma razón que creó en beber vino, por la misma razón que creo en el libre albedrío, por la misma razón que creo en el carácter fijo de la virtud, razón que no puede expresarse sino diciendo que no prefiero estar loco, continúe creyendo que aquel honrado cochero se equivocaba. Y le repetí que en realidad ya había alquilado en la esquina de Leiscester square. El comenzó con la misma evidente y ponderada sinceridad:
-usted alquilo el coche a la salida de la estación de Euston, y dijo usted...
En aquel momento se produjo en sus facciones una especie generosa trasfiguración de vivido asombro, como si le hubieran encendido por dentro como una lámpara.
-Hombre, le pido perdón, señor- dijo -le pido perdón. Le pidió perdón. Usted alquilo coche en Leiscester square. Ahora me acuerdo. Le pido perdón.
Y así si mas, aquel asombroso cochero hizo sonar su látigo con un agudo chasquido y el coche arrancó.
Todos lo transcrito es estrictamente verdad, lo juro ante el estandarte de San Jorge.


Pd: Sepan disculpar los errores de ortografía, les pido que me avisen si encuentran, pasa que últimamente he estado con poco tiempo y no he podido hacer correcciones finales.

jueves 1 de octubre de 2009

Por qué soy Católico- G.K.CHESTERTON

Por qué soy Católico- G.K.CHESTERTON

Extraido de Doce Apóstoles Modernos y sus Credos (1926). Hay otra versión de este ensayo, en el libro The Thing en el cual Chesterton lo complementó.


La dificultad de explicar “por qué soy un católico”, es porque hay mil razones que se juntan en una sola: El Catolicismo es Verdadero. Podría llenar todo mi espacio con distintas frases en que cada una partiera con las palabras: “Es la única cosa que…” Como por ejemplo (1) Es la única cosa que realmente previene al pecado de ser un secreto. (2) Es la única cosa en la que el superior no puede ser superior; en el sentido displicente. (3) Es la única cosa que libera al hombre de la degradante esclavitud de ser un niño de su edad (4) Es la única cosa que habla como si fuera la Verdad; como si fuera el verdadero mensajero que se rehúsa a alterar el verdadero mensaje. (5) Es el único tipo de Cristianismo que realmente contiene a todo tipo de hombre; incluso al hombre respetable. (6) Es el único gran intento por cambiar al mundo desde adentro; trabajando a través de las voluntades y no de la ley; y así sigue.

O podría trata el asunto personalmente y describir mi propia conversión; pero sucede que tengo un fuerte sentimiento de que este método hace ver el asunto mucho mas pequeño de lo que realmente es.
Numerosos hombres, mucho mejores, han sido sinceramente convertidos a religiones mucho peores. Yo preferiría mucho mas tratar de decir aquí sobre la Iglesia Católica precisamente las cosas que no se pueden decir incluso de sus respetables rivales.

En fin, voy a decir precisamente respecto de la Iglesia Católica que es católica. Me gustaría tratar de sugerir que no es solamente más grande que yo, sino que más grande que cualquier cosa en el mundo; que es, de hecho, más grande que el mundo. Pero como este espacio es corto, y solo puedo tomar una sección, la voy a considerar en su capacidad de ser guardiana de la Verdad.

El otro día un bien-conocido escritor, en otro sentido bien-informado, dijo que la Iglesia Católica es la enemiga de las nuevas ideas. Es probable que no se le ocurriera que su propio comentario no era exactamente de la naturaleza de las nuevas ideas. Es una de las nociones que los católicos tienen que estar continuamente refutando, porque es una muy vieja idea. De hecho, aquellos que se quejan que el catolicismo no puede decir nada nuevo, rara vez piensan que es necesario decir cualquier cosa nueva sobre el catolicismo. En cuanto a los hechos, un verdadero estudio de la historia demostrará que es curiosamente contrario a los hechos. En cuanto a que las ideas son realmente ideas, y en cuanto a que cualquiera de esas ideas puede ser nueva, los católicos continuamente han sufrido por apoyar esas ideas cuando realmente eran nuevas; cuando eran demasiado nuevas para encontrar a cualquier otro que las apoyara. El Católico no solo era el primero en el campo, sino que estaba sólo en el campo; y ahí no había nadie que pudiera entender lo que él allí había encontrado.

De esta manera, por ejemplo, cerca de dos mil años antes de la Declaración de Independencia y la Revolución Francesa, en una era devota al orgullo y alabanza de príncipes, el Cardenal Bellarmino y Suárez el Hispano lograron explicar lucidamente toda la teoría de la democracia real. Pero en la era del Derecho Divino ellos solo dieron la impresión de ser unos sofistas y sanguinarios Jesuitas, arrastrándose con dagas para efectuar el asesinato del rey. Y, de nuevo, el Cauists de los colegios católicos dijo todo lo que realmente se puede decir para las obras problemáticas y las novelas problemáticas de nuestro propio tiempo, dos mil años antes de que fueran escritas. Ellos dijeron que realmente hay problemas de conducta moral; pero ellos tuvieron el infortunio de decirlo dos mil años muy adelantados. En un tiempo de gran (tub.thumping) fanatiquismo y libre y fácil vituperio, casi logran que les llamen mentirosos y (shufflers) por ser psicológicos, antes de que la psicología estuviera de moda. Sería fácil dar otros numerosos ejemplos hasta el tiempo presente, y el caso de que hay ideas que todavía son muy nuevas para ser comprendidas. Hay pasajes de la “Encíclica Laboral” del Papa León XII {también conocida como Rerum Novarum, publicada en 1891} que sólo ahora están empezando a ser usadas como pistas para los movimientos sociales mucho más nuevos que el socialismo. Y cuando el Sr. Belloc escribió acerca del Estado Servil, él avanzó una teoría económica tan original que difícilmente alguien se ha dado cuenta qué es. Una cuantas centurias más adelante, probablemente otras personas las repitan, y la repitan mal. Y después, si los Católicos objetan, sus protestas serán fácilmente explicadas por los bien conocidos hechos de que los Católicos nunca se han interesado por nuevas ideas.

Sin embargo, el hombre que hizo el comentario sobre los Católicos quería decir algo; y es solamente justo para él, el entenderlo mas bien claramente de cómo él lo dijo.
Lo que él quiso decir era que, en el mundo moderno, la Iglesia Católica es, de hecho, la enemiga de muchas modas influenciables; muchas de las cuales todavía proclaman el ser nuevas, aunque muchas de ellas están empezando a ser un poco rancias. En otras palabras, en cuanto a lo que quiso decir, que la Iglesia usualmente ataca lo que el mundo en cualquier momento apoya, estaba perfectamente en lo cierto. La Iglesia usualmente se pone en contra de las modas de este mundo que pasan de moda; Y ella tiene experiencia suficiente para saber como cuan rápido pasaran de moda. Pero para entender exactamente lo que esto envuelve, es necesario más bien tomar un punto de vista más amplio y considerar la finalidad natural de las ideas en cuestión, considerar, por así decirlo, la idea de la idea.

Nueve de cada diez de las ideas que llamamos nuevas son en realidad viejos errores. La Iglesia Católica tiene por una de sus principales obligaciones el prevenir a la gente que cometa esos viejos errores; de cometerlos una y otra vez para siempre, como la gente siempre hace cuando se las deja a ellas solas. La verdad sobre la actitud Católica respecto a la herejía, o como algunos dirían, hacia la libertad, puede ser mejor expresada, a lo mejor, usando la metáfora de un mapa.
La Iglesia Católica lleva una especie de mapa de la mente que se parece mucho a un mapa de un laberinto, pero que de hecho es una guía para el laberinto. Ha sido compilada por el conocimiento, que incluso considerándolo como conocimiento humano, no tiene ningún paralelo humano.

No hay ningún otro caso de una continua institución inteligente que haya estado pensando sobre pensar por dos mil años. Su experiencia naturalmente cubre casi todas las experiencias, y especialmente casi todos los errores. El resultado es un mapa en el que todos los callejones ciegos y malos caminos están claramente marcados, todos los caminos que han demostrado no valer la pena por la mejor de las evidencias; la evidencia de aquellos que los han recorrido.

En este mapa de la mente los errores son marcados como excepciones. La mayor parte de el consiste en patios de recreos y felices lugares de caza, donde la mente puede tener tanta libertad como quiera; sin mencionar cualquier numero de terrenos de batalla intelectuales donde la batalla esta indefinidamente abierta e indecisa. Pero definitivamente toma la responsabilidad de marcar ciertos caminos que llevan a ninguna parte, o que te llevan a la destrucción, a una muralla en blanco, o a un precipicio total.
Por estos medios, previene a los hombres de perder el tiempo o perder la vida por caminos que han sido encontrados fútiles o desastrosos una y otra vez en el pasado, pero que puede, por lo demás, atrapar a viajeros una y otra vez en el futuro. La Iglesia se hace responsable de prevenir a su gente en contra de esto: y respecto a esto depende el verdadero problema del caso.
Ella defiende dogmáticamente a la humanidad de sus peores enemigos, esos anticuados, horribles y devoradores monstruos que son los viejos errores.
Ahora, todos estos falsos problemas tienen una forma de parecer bastante frescos, especialmente para nuestra nueva generación. Su primera declaración siempre suena inofensiva y plausible.
Voy a dar sólo dos ejemplos. Suena inofensivo decir, como la mayoría de la gente moderna ha dicho: “Las acciones son solamente malas cuando son malas para la sociedad” Siguiendo esto a cabalidad, tarde o temprano tu vas a tener la inhumanidad de una colmena o una ciudad pagana, estableciendo la esclavitud como el mas barato y seguro medio de producción, torturando a los esclavos por evidencia porque los individuos son nada para el Estado, declarando que un hombre inocente debe morir por el pueblo, como hicieron los asesinos de Cristo. Entonces, a lo mejor, vas a volver a las definiciones Católicas, y encontraras que la Iglesia, que mientras también dice que es nuestro deber trabajar para la sociedad, dice otras cosas además que prohíben la injusticia individual.
O denuevo, suena bastante piadoso decir “Nuestro conflicto moral debe terminar con una victoria de lo espiritual sobre lo material” Siguiendo esto a cabalidad, terminaras en la locura de los Maniqueos, diciendo que el suicidio es bueno porque es un sacrificio, que una perversión sexual es buena porque no produce vida, que el demonio hizo el sol y la luna ya que son materiales. Entonces pondrías comenzar a suponer por que el Catolicismo insiste en que hay espíritus malos al igual que hay espíritus buenos; y que lo material también puede ser sagrado, como en la Encarnación o en la Misa, en el Sacramento del Matrimonio o en la Resurrección del Cuerpo.

Ahora no hay otra mente corporativa en el mundo que actúe de ésta manera para prevenir a las mentes se encaminen al error.
El policía viene muy tarde, cuando trata de prevenir al hombre de que se vuelva malo. El doctor viene muy tarde, porque el sólo viene a buscar a un loco, no a advertir a uno sano en como no volverse loco. Y todas las demás sectas y escualas son inadecuadas para tal propósito. Esto no es porque cada una de ellas pueda no contener una verdad, sino que precisamente porque cada una de ellas contiene una verdad; y se contente con contener una verdad. Ninguna de esas otras en verdad pretende contener la verdad. Ninguna de las otras en realidad pretende esta mirando en todas las direcciones al mismo tiempo. La Iglesia no esta meramente armada contra las herejías del pasado, ni siquiera las del presente, sino igualmente contra las del futuro, que pueden ser exactamente lo opuesto a la del presente.
Catolicismo no es ritualismo; puede que en el futuro esté luchando contra una suerte de supersticiosa e idolatra exageración de un ritual. Catolicismo no es ascetismo; en el pasado ha estado una y otra vez en contra de la fanática y cruel exageración del ascetismo. Catolicismo no es meramente misticismo; está incluso ahora defendiendo a la razón humana contra el misticismo de los Pragmáticos.
Así, cuando el mundo se transformó en Puritano en el siglo diecisiete, la Iglesia estaba cargada con pujante caridad hasta el punto del sofismo, al hacer todo más fácil con la permisividad de lo confesional.
Ahora el mundo no se esta volviendo Puritano sino Pagano, es la Iglesia la que esta en todas partes protestando contra el relajo Pagano del vestir y los modales. Es hacer lo que los Puritanos quieren hecho cuando realmente lo quieren. Con toda probabilidad, todo lo que es bueno en el Protestantismo va a sobrevivir en el Catolicismo; y en el sentido de que todos los Católicos van a seguir siendo Puritanos cuando los Puritanos se vuelvan Paganos así, por ejemplo, Catolicismo, en un sentido pocamente entendido, se para fuera de la disputa como el Darwinismo en Dayton. Se para fuera debido a que está en alrededor de todo, como una casa se para toda alrededor de dos incongruentes piezas de muebles.
No es una sectaria presunción el decirlo antes y después y mas allá de todas estas cosas en todas las direcciones. Es imparcial en la pelea entre los Fundamentalistas y la teoría del Origen de las Especies, porque va más atrás que el origen de ese Origen; porque es más fundamental que los Fundamentalistas. Sabe de donde viene la Biblia. También sabe a donde van la mayoría de las teorías de la Evolución, sabe que hubo muchos otros Evangelios, y que los otros solo fueron eliminados por la autoridad de la Iglesia Católica. Sabe que hay otras muchas teorías de la evolución además de la teoría Darwiniana; y que está última es bastante probable que sea eliminada por los avances científicos. No acepta, en el sentido convencional de la frase, las conclusiones de la ciencia, por la simple razón que la ciencia no ha concluido. Concluir es callarse; y el hombre de ciencia no es para nada probable que se calle. No cree, en el sentido convencional de la frase, “lo que la Biblia dice”, por la simple razón de que la Biblia no dice nada. No puedes poner a la Biblia en el estrado de los testigos y preguntarle que es lo realmente quería decir. La controversia Fundamentalista por si misma destruye al Fundamentalismo. La Biblia por si sola no puede ser una base para el acuerdo cuando es ella misma la causa del desacuerdo; no puede ser el piso común de los Cristianos cuando algunos la toman alegóricamente y otros literalmente. Los Católicos se refieren a algo que puede decir algo, a la viviente, consistente y continua mente de la cual yo he hablado; la mente más grande del hombre guiada por Dios.

Cada momento incrementa en nosotros la necesidad moral de una mente inmortal como esa. Debemos tener algo que siga sosteniendo las cuatro esquinas del mundo, mientras nosotros hacemos nuestros experimentos sociales o construimos nuestras Utopías. Por ejemplo, debemos tener un acuerdo final, aunque sea en la evidente hermandad humana, que resista alguna reacción de la brutalidad humana. Nada es mas probable ahora que la corrupción del gobierno representativo llevará, todo a la vez, al rico rompimiento suelto, y pisoteando todas las tradiciones de igualdad con mero orgullo pagano. Debemos tener lo evidente en todas partes reconocido como verdad. Debemos prevenir la mera reacción y la lúgubre repetición de viejos errores. Debemos hacer al mundo intelectual seguro para la democracia. Pero en las condiciones de la mentalidad anárquica moderna, ni siquiera ese o cualquier otro ideal esta a salvo, así como los Protestantes apelaron de sacerdotes a la Biblia, y no se dieron cuanta de que la Biblia también podía ser interrogada, así que los republicanos apelaron de los reyes al pueblo, y no se dieron cuenta de que el pueblo también podía revelarse. No hay término para la disolución de ideas, la destrucción de todas las pruebas de verdad, que ha surgido, posiblemente, desde que el hombre ha abandonado el intento de guardar una central y civilizada Verdad, de contener todas las verdades y rastrear y refutar todos los errores. Desde entonces, cada grupo a tomado una verdad y a gastado su tiempo en volverla falsedad. Hemos tenido nada más que movimientos; o, en otras palabras, monomanías. Pero la Iglesia no es un movimiento sino un lugar de encuentro; lugar de encuentro de toda la verdad en el mundo.

lunes 14 de septiembre de 2009

El Condimento de la Vida- G. K. CHESTERTON

El Condimento de la Vida- G. K. CHESTERTON


Perdónenme si comienza por representar el papel que he jugado en tantas cenas, quiero decir, el papel del esqueleto del festín. Perdónenme si las pocas primeras palabras que lo alcanzan se parecen a una voz hueca de la tumba. Ya que la verdad es que el título mismo de esta serie me hace sentir un poco fúnebre. Cuando me pidieron hablar sobre el Condimento de la Vida, lamento decir que el primer pensamiento que cruzó mi perversa y mórbida mente era que los condimentos, como condimentos, están tan asociados con la muerte cuanto con la vida. Los cadáveres embalsamados y conservados siempre eran envueltos entre condimentos; las momias también, supongo. No soy ningún Egiptólogo para decidir el punto. Pero incluso si ellas eran, usted apenas iría a oler alrededor de una momia en el Museo Británico, tomando profundos respiros y diciendo, " Esto es en verdad el condimento de vida" Egipto era casi una civilización organizada como un cortejo fúnebre; esto es difícilmente una exageración para decir que los vivos viven para servir a los muertos. Y aún supongo que un egipcio actual que andaba caminando por ahí vivo, no estaba en ninguna prisa para ser condimentado. O tome una escena casera más cerca a casa. Supóngase que usted es perseguido por un loco toro; no discutiremos cual animal disfruta más del condimentos de la vida; pero ambos en el momento darán inequívocos signos de vida. Pero el cuadrúpedo debe esperar hasta que él sea matado y cortado en una ternera fría, antes de que él pueda tener el orgullo y el privilegio de ser una ternera condimentada. En breve quiero que usted recuerde ante todo que hubo en la historia, no sólo el condimento de la vida, pero algo más que puede con justicia ser llamado el condimento de la muerte. Y lo menciono primero porque es una especie de parábola; y hay muchas cosas en el mundo moderno que me parecen estar muertas, no decir condenadas, y aún son consideradas muy condimentadas.
No hablaré extensamente de este mórbido paralelo. Que el cielo prohíba que yo pudiera sugerir que algunas damas se parezcan más bien a momias que andan por ahi, con muy hermosas caras pintadas sobre los sarcófagos: o que algunos jovenes caballeros que van al paso exponen toda la cultura y la sutileza selectiva de toros locos. Estoy preocupado con una pregunta mucho más importante detrás de ésta. Me parece que muchísima gente, a quienes estoy lejos de llamar momias o toros locos, están en este momento poniendo más bien demasiada atención a los condimentos de la vida, y bastante poca atención a la vida. No me malinterpreten. Soy muy aficionado a la ternera condimentada y todos los condimentos; siempre he temido que los Puritanos reformadores de repente prohibirán la mostaza y la pimienta como ellos hicieron la malta y el lupulo; sobre el absurdo fundamento de que la sal y la mostaza son tan innecesarias como la música. Pero mientras me resisto a la sugerencia que nosotros debemos comer ternera sin la mostaza, reconozco que hay ahora un peligro mucho más profundo y más sutil que los hombres pueden querer comer la mostaza sin la ternera. Quiero decir que ellos pueden perder su apetito; su apetito para ternera y pan y queso y la amplia luz del día de la vida; y dependan completamente de especias y condimentos. Incluso he sido culpado de defender el condimento de la vida contra lo que llamaban la Vida Simple. He sido culpado hacerme un campeón de la cerveza y los bolos. Por suerte, si yo era un campeón de los bolos, no había ningún peligro de que yo fuera un campeón en los bolos. Pero he jugado juegos ordinarios como los bolos, siempre mal; pero toda la gente sana convendrá que usted nunca se disfruta de un juego hasta que disfrutas ser perdedor en el juego. Aún he jugado al golf en Escocia antes de que Arthur Balfour lo trajera a Inglaterra y se volviera una moda y luego una religión. He sido desde entonces inhibido por una dificultad en cuanto a considerar un juego como una religión, y el secreto horrible de mi fracaso consiste en que yo nunca pude ver la diferencia entre el cricket y el golf, como los jugué cuando yo era un muchacho, " y el minino en la esquina " y potes de miel como los jugué cuando yo era un niño. Quizás aquellos juegos de niñez ahora están olvidados; de todos modos, no revelaré cuan buenos eran esos juegos, no sea que ellos se pongan de moda. Si una vez fueran tomados en serio en aquel mundo más serio, el mundo de Deporte, enormes resultados seguirán. Las tiendas venderán unas Pantuflas especiales para Cazar las pantuflas, o un caddy seguirá al jugador con un bolso lleno de quince pantuflas diferentes. Los potes de miel significarán potes de dinero; y habrá 'una esquina' en " el minino en la esquina".
De todos modos, he disfrutado al igual que todos de aquellos deportes y condimentos de la vida. Pero estoy más y más convencido que ni en tus condimentos especiales ni en los míos, ni en potes de miel ni potes de cuarto de galón, ni en la mostaza ni en la música, ni en cualquier otra distracción de la vida, esta el secreto que todos estamos buscado, el secreto de disfrutar de la vida. Estoy absolutamente seguro de que todo nuestro mundo acabará en la desesperación, a no ser que haya algún modo de hacer que la mente misma, el pensamiento ordinario que tenemos en tiempos ordinarios, más sanas y más felices de lo que ellos parecen estar en este momento, juzgados por las novelas y poemas más modernos. Tienes que estar feliz en aquellos momentos tranquilos cuando recuerdas que estás vivo; no en aquellos momentos ruidosos cuando lo olvidas. A no ser que nosotros podamos aprender otra vez a disfrutar de la vida, no podremos disfrutar por mucho tiempo de los condimentos de la vida. Una vez leí un cuento de hadas Francés que expresó exactamente lo que quiero decir. Nunca crea que el ingenio Francés es superficial; es la brillante superficie de la ironía Francesa, que es insondable. Era sobre un poeta pesimista que decidió ahogarse; y iba bajando por el río, él regaló sus ojos a un hombre ciego, sus oídos a un hombre sordo, sus piernas a un hombre cojo, etcétera, hasta el momento cuando el lector esperaba el chapoteo de su suicidio; pero el autor escribió que este tronco insensato se colocó sobre la orilla y comenzó a experimentar la alegría de la vida: la joie de vivre. La alegría de estar vivo. Tienes que ir con mayor profundidad, y quizás envejecer, para saber cuan verdadera es esa historia.
Si tuviera que preguntarme a mi mismo cuando y donde he sido mas feliz, yo podría, por supuesto, dar las obvias respuestas, verdaderas para mi como para cualquier otro; en algún baile o festín en el tiempo romántico de la vida; en algún triunfo juvenil de un debate; en alguna vista de cosas hermosas en tierras extrañas. Pero es mucho más importante recordar que he sido intensa e imaginativamente feliz los sitios mas extraños porque son más tranquilos. He estado interiormente lleno de vida en una sala de espera fría en una unión desierta de ferrocarril. He estado completamente vivo sentado en un asiento de hierro bajo un horrible poste de luz en un balneario de tercera clase. En breve he experimentado el mero entusiasmo de la existencia en los sitios que comúnmente llamarían tan embotado como el agua estancada. ¿Y a propósito, el agua estancada es aburrida? Los naturalistas con microscopios me han dicho que esta rebalsada con una tranquila diversión. Incluso aquella frase proverbial demostrará que no siempre podemos confiar en lo que es proverbial, cuando profesa describir qué es prosaico. Dudo si es que las quince efusivas fuentes encontradas en tu jardín ornamental contienen a criaturas tan divertidas como aquellas que le microscopio revela; como los perfiles de políticos en caricatura. Y este es sólo un ejemplo fuera de mil, de las cosas que en la vida diaria llamamos aburridas que no son realmente tan aburridas después de todo. Y estoy seguro que no hay ningún futuro para el mundo moderno, a no ser que entienda que no tiene que buscar meramente lo que es más y más excitante, pero más bien el negocio aún más excitante de descubrir la excitación en las cosas que llaman aburridas.
Lo que tenemos que enseñar al joven del futuro, es como disfrutar de él mismo. Hasta que pueda disfrutarse él mismo, se cansara mas y mas de disfrutar de todo lo demas. Lo que tenemos que enseñarle es a divertirse. En este momento él esta más y más dependiente de cualquier cosa que él piensa que lo divertirá. Y, al juzgar por la expresión de su cara, no lo divierte mucho. Cuando consideramos lo que él recibe, es de verdad la maravilla más magnífica y la riqueza y la concentración del entretenimiento. Él puede viajar en un coche de carrera casi tan rápido como una bala de cañón; y todavía tener su coche hecho a la medida y escuchar radios de todos los rincones de la tierra. Él puede conseguir a Viena y a Moscú; él puede oír El Cairo y Varsovia; y si él no puede ver Inglaterra, por la cual él resulta estar viajando, que es después de todo un pequeño asunto. En un siglo, sin duda, su coche viajará como un cometa, y su radio oirá los ruidos en la luna. Pero todo esto no le ayuda cuando el coche se para; y él tiene que pararse sobre una línea, con nada en que pensar. Todo esto no le ayuda incluso cuando la radio se para y él tiene que quedarse inmóvil en un coche silencioso con nada de que hablar. Si usted considera cuales son las cosas vertidas en él, cuales son las cosas que él recibe, entonces de verdad ellas son las cataratas colosales de cosas, Niagaras cósmicos que nunca antes habian sido vertidas en un ser humano ahora son vertidas en él. Pero si consideras lo que sale de él, como consecuencia de toda esta absorción, el resultado que tenemos que registrar es bastante serio. En la vasta mayoría de los casos, nada. Ni siquiera una conversación, como solía ser. Él no conduce argumentos largos, como los jóvenes hacian cuando yo era jóven. El primer y alarmante efecto de todo este ruido es el silencio. Segundo, cuando él realmente tiene el picor para escribir o decir algo, es siempre un picor en el sentido de una irritación.
Todo tiene una mejor y mas solida base; y hay irritación e irritación. Hay mucha diferencia entre la irritación de Aldous Huxley y la irritación de unos pequeños repugnantes degenerados en una novela por Aldous Huxley. Pero honestamente no pienso que soy injusto con toda la tendencia de la epoca, si digo que estan intelectualmente irritados; y por lo tanto sin aquel rico tipo de reposo en la mente con el cual quiero decir, cuando digo que un hombre cuando esta solo puede ser feliz porque él está vivo. Por ejemplo, un hombre de genio (inteligente) de la misma generación, para quien tengo una admiración muy especial, es el Sr. T. S. Eliot. Pero nadie negará que alli había un sentido en el cual, originalmente, aún su inspiración era la irritación. Él comenzó con puro pesimismo; él desde entonces ha encontrado cosas mucho más finas y más sutiles; pero apenas pienso que él ha encontrado reposo. Y es solamente aquí que tendré el descaro para distinguir entre su generación y la mía. Se solía pensador que era impudente para un muchacho criticar a un viejo caballero, Ahora requiere una impudencia mucho más sublime para un hombre más viejo criticar a uno más joven. Aún defenderé mi propia idea del condimento espiritual de la vida aún contra la espiritualidad que encuentra esta vida ordinaria completamente sin condimento. Sé muy bien que el Sr. Eliot describió la desolación que encontró más que la desolación que él sintió. Pero pienso que `The Waste Land' era a lo menos un mundo en el cual él había vagado. Y como estoy describiendo el mundo reciente, también puedo describirlo como él lo ha descrito, en ` Los Hombres Huecos ' - aunque nadie lo describiría como un hombre hueco. Esto es la impresión de muchas impresiones.
De esta manera terminara el mundo
De esta manera terminara el mundo
De esta manera terminara el mundo
No con un estallido, sino con un lamento
Ahora perdóneme si digo, en mi manera tradicional, que estaría condenado su alguna vez me sintiera así. Reconozco las grandes realidades que el Sr. Eliot ha revelado; pero no admito que esto sea la realidad más profunda. Estoy listo para admitir que nuestra generación hizo demasiado del romance y la comodidad, pero incluso cuando yo estaba incómodo estaba más cómodo que esto. Estaba más cómodo en el asiento de hiero. Estaba más feliz en la fría sala de espera. Yo sabia que el mundo era perecible y que iba a terminar, pero no pensé que terminaría con un lamento, pero si de alguna forma con el triunfo de la muerte. Esto es indudablemente un espectáculo grotesco que los bisabuelos todavía deberían estar bailando con indecente jolgorio, cuando la juventud está tan grave y triste; pero en este caso del condimento de la vida, defenderé el apetito espiritual de mi propia edad. Aún seré tan indecentemente frívolo para romperme cantando, y diré a los jóvenes pesimistas:
Unos se mofan; unos se burlan; unos sonríen con afectación;
En la juventud donde nos reímos y cantábamos,
Y ellos podrán terminar con un lamento
Pero nosotros terminaremos con un estallido

jueves 3 de septiembre de 2009

Una defensa de las novelitas de a penique-G.K.CHESTERTON

Una defensa de las novelitas de a penique-G.K.CHESTERTON

Uno de los ejemplos más raros de la manera en que se desprecia la vida corriente está en la literatura popular, la gran mayoría de la cual nos conformamos con considerar vulgar. Las novelitas para adolescentes pueden carecer de merito literario. Lo que equivale a decir que la novela moderna es pobre en un sentido químico, económico o astronómico. Pero no son intrínsecamente vulgares. En la practica, son el centro de un millón de imaginaciones ardientes.
En siglos pasados, las personas cultivadas ignoraban en bloque la literatura del vulgo. La ignoraban y, por lo tanto, hablando con propiedad, no la despreciaban. Pasar algo por alto sintiendo indiferencia no infla de orgullo a la persona. Uno no se pasea por la calle, retorciéndose arrogante los mostachos, pensando en su superioridad sobre cierta clase de peces avísales. Los antiguos sabios dejaron todo el averno de la literatura popular en una oscuridad semejante.
Hoy en día, sin embargo, aplicamos el principio opuesto. Despreciamos las obras vulgares sin ignorarlas. Corremos cierto peligro de volvernos mezquinos en nuestro estudio de la mezquindad. Actúa de fondo un axioma temible, semejante a la magia de Circe, que dice que si el alma se acerca demasiado al suelo para estudiar algo puede no volver a levantarse jamás. Creo que no hay categoría de la literatura popular sobre la que existan mayor número de errores y exageraciones, el colmo de ridículos, que el estrato mas bajo de la literatura popular para muchachos.
Es un tipo de composición que puede suponerse que siempre ha existido y siempre existirá. Carece de cualquier pretensión de ser buena literatura. Al igual que las conversaciones de sus lectores tampoco pretenden ser oratoria elevada ni los pisos y pensiones que habitan arquitectura sublime. Pero las personas tienen que conversar, estar bajo techo y escuchar cuentos. La necesidad básica de un mundo ideal en que personajes de ficción representan libremente su papel, es infinitamente más antigua y más profunda que las reglas del buen arte. Y es mucho más importante. Durante la infancia, cada uno de nosotros construye un reparto semejante con actores invisibles, pero nunca se le ocurrió a nuestras niñeras corregir su composición mediante una cuidadosa comparación con Balzac. En el oriente, el cuentacuentos profesional viaja de pueblo en pueblo con su pequeña alfombra y de verdad me gustaría que alguien tuviese el valor moral de extender esa alfombra en la plaza Ludgate. Pero no es probable que todos los cuentos del portador de la alfombra sean pequeñas joyas originales. La literatura y la ficción son cosas por completo diferentes. La literatura es un lujo pero la ficción es una necesidad vital. Es dudoso que una obra de arte pueda ser demasiado bréve porque su mérito reside en alcanzar una cima de intensidad. Un cuento nunca puede ser demasiado largo, porque su conclusión es simplemente algo lamentable como las ultimas monedas o la ultima cerilla. Y así, al igual que el aumento de la conciencia artística guía las obras más ambiciosas hacia la brevedad, la extensión fruto de la laboriosidad, aun marca al autentico fabricante de basura romántica. No hay fin a las baladas de Robín Hood, no hay fin a los libros sobre el infalible Dick o los nueve vengadores. Ambos héroes, conscientemente, han sido creados inmortales.
Pero en lugar de basar nuestro debate en reconocer, lo que es de sentido común, que los jóvenes de las clases trabajadoras siempre han tenido, y siempre tendrán, algún tipo de literatura romántica, infinita y desgarbada, para después hacer algún tipo de arreglo para que la misma sea sana; empezamos, por lo general, atacando este tipo de lecturas en su conjunto de una manera exagerada, sorprendidos e indignados porque los recaderos no leen “El egoísta" ni “El arquitecto”. Es costumbre, sobre todo entre jueces, echar la culpa de la mitad de los crímenes que se cometen en la metrópoli a las novelitas baratas. Si un niño de la calle se escapa con una manzana, el magistrado hace notar astutamente que el niño sabía que las manzanas quitan el hambre gracias a sus lecturas. Los propios chavales, cuando les pillan, acusan frecuentemente a las novelitas haciendo gala de gran resentimiento. Es lo mínimo que debemos esperar de gente joven poseedora de un nada despreciable sentido del humor. Si yo hubiera falsificado un testamento, y pudiese despertar compasión echando la culpa del incidente a las novelas del Sr.George Moore, disfrutaría en grado sumo en el empeño.
En cualquier caso, parece ser una idea firmemente asentada en la mente de la mayoría que los chicos de barrio, al contrario que el resto de su comunidad, encuentran los principios rectores de su conducta en los libros.
Sin embargo esta claro que esta objeción, la objeción de los magistrados, nada tiene que ver con la calidad literaria. El Sr.Hall Caine pasea libremente por las calles y no se le puede detener por un anticlímax. La objeción descansa en la teoría de que la mayoría de estas novelitas para adolescentes tiene un tono criminal y envilecido, su mezquino atractivo reside en su codicia y su crueldad. Esta es la teoría de los magistrados y es basura.
Hasta el punto en que he podido comprobarla, en los tenderetes más sucios de los barrios más pobres, esta es la realidad: todo el desconcertante conjunto de la literatura juvenil trata de aventuras, enmarañadas, inconexas e infinitas. No expresa pasión de ningún tipo al no contener personalidad humana alguna. Recorre eternamente los mismos carriles, situados en ciertos tiempos y lugares. El caballero medieval, el duelista dieciochesco y el vaquero aparecen una y otra vez con la misma rígida simplicidad que las figuras humanas estilizadas en el dibujo de una alfombra oriental. Tan posible me resulta imaginar que a un ser humano se le despierten apetitos desenfrenados contemplando una alfombra turca de ese tipo como por la lectura de una narrativa tan austera y deshumanizada como esta.
Algunas de estas historias tratan con simpatía las aventuras de ladrones, forajidos y piratas. Presentan a ladrones y piratas como Dick Turpin o Claude Duval, bajo una luz favorecedora y romántica. Es decir que hacen exactamente lo mismo que Ivanhoe de Scott, Rob Roy de Scott, La dama del lago de Scott, El Corsario de Byron, La tumba de Rob Roy de Wodsworth, Macaire de Stevenson, El pirata de hierro del Sr.Max Pemberton y otras mil obras que se reparten por sistema como regalo de Navidad o premio. A nadie se le ocurre que admirar a Locksey en Ivanhoe llevara a un chico a dispararle flechas japonesas a los ciervos de Richmond Park, a nadie se pasa por la imaginación que el imprudente principio del poema de Wodsworth sobre Rob Roy le convertirá de por vida en chantajista. En nuestra propia clase social, somos conscientes de que esta vida salvaje es contemplada con placer por los jóvenes no por su parecido con la suya propia, sino por sus diferencias. Podemos suponer que, sea cual sea la razón, por la que el joven recadero esta leyendo La roja venganza, seguro que no es porque este empapado con la sangre de amigos y parientes.
En este asunto, como en todos los semejantes, nos perdemos al utilizar la expresiòn clases trabajadoras cuando lo que queremos decir es toda la humanidad menos nosotros mismos. Esta literatura romántica sin importancia no es especialmente plebeya: sencillamente es humana. El filántropo jamás olvida la clase social y la profesión. Dirá, presumiendo un poco, que ha invitado a veinticinco obreros a tomar el te. Si dijese que ha invitado a veinticinco contables, es evidente lo ridículo de clasificar de forma tan burda a la gente. Pero eso es lo que hemos hecho con ese bosque de tontos cuentos: lo hemos estudiado como si fuese una nueva y monstruosa enfermedad cuando, de hecho, no es otra cosa que el corazón, tonto y valiente, del ser humano. Los hombres corrientes siempre serán sentimentales porque el sentimental no es otra cosa que un hombre con sentimientos que no se preocupa de inventar una nueva manera de expresarlos. A estas publicaciones, comunes y corrientes, les falta en lo fundamental cualquier maldad. Expresan los tópicos, vigorosos y heroicos, en los que se apoya la civilización. Esta claro que la civilización o se apoya en tópicos o carece de fundamento. Es evidente que no habría seguridad en una sociedad en la que el comentario del presidente del Tribunal Supremo diciendo que matar a la gente esta mal, fuese considerado un epigrama deslumbrante por su originalidad.
Si los autores y editores del infalible Dick, y otras obras igual de distinguidas, de repente decidiesen atacar a la clase culta, hacer listas con el nombre de todas las personas, por importantes que fuesen, vistas en una conferencia de posgrado, confiscar todas nuestras novelas y advertirnos que debíamos enmendar nuestras vidas, nos enfadaríamos muchísimo. Sin embargo, tendrían más derecho a hacerlo que nosotros ya que ellos, con toda su estupidez, son los normales y nosotros los anormales. Es la moderna literatura culta, no la inculta, la que es clara y agresivamente criminal. Libros que recomiendan el pesimismo y el libertinaje, que harían temblar a cualquier recadero, descansan en las mesas de todos nuestros salones. Si él más ruin propietario del tenderete más sucio de Whitechapel se atreviese a mostrar obras que realmente recomendasen la poligamia o el suicidio, los ejemplares seria secuestrados inmediatamente por la policía. Esos son nuestros lujos. Y con una hipocresía tan ridícula que no tiene paralelo en la historia, al mismo tiempo que despreciamos los chicos barriobajeros por inmorales, discutimos junto a ambiguos profesores de universidad alemanes, si la moral tiene algún valor real. En el mismo instante en que maldecimos las novelitas por promover los robos, estudiamos la idea que la propiedad es un robo. En el mismo momento en que las acusamos muy injustamente de lubricidad e indecencia, leemos alegremente a filósofos que se enorgullecen de su lubricidad e indecencia. A la vez que las acusamos de incitar a los jóvenes a destruir la vida, discutimos tranquilamente si la vida es digna de ser salvada.
Pero somos nosotros la excepción enfermiza, nosotros somos los criminales. Ese debe ser nuestro gran consuelo. La mayoría de la humanidad, con su mayoría de libros vanos y palabras vanas, nunca ha dudado ni dudara que el valor es algo espléndido, la fidelidad digna de alabanza, las damas en peligro deben ser rescatadas y los enemigos vencidos perdonados.
Hay una gran cantidad de personas educadas que dudan de estas normas para la vida diaria, también hay mucha gente que cree ser el Príncipe de Gales. Y tengo entendido que ambas categorías de personas son capaces de mantener conversaciones muy interesantes. Pero el hombre o muchacho corriente escribe cada día en ese diario de su alma que llamamos las novelitas de a penique, un evangelio más claro y mejor que las iridiscentes paradojas éticas que las personas a la moda cambian tan a menudo como de corbata. Puede que disparar a un traidor voluble y falso sea un objetivo moral sumamente limitado. Pero es mejor que ser un traidor voluble y falso, lo que me parece un buen resumen de muchos modelos modernos de conducta, del Sr.D´Annunzio en adelante.
Mientras la sustancia, vulgar y débil, de la simple literatura popular permanezca ajena a una cultura mezquina nunca será sustancialmente inmoral. Siempre está de lado de la vida. Los pobres, los esclavos que realmente han gemido bajo el yugo de la vida, a menudo han estado locos, han sido estúpidos y crueles. Pero nunca les ha faltado la esperanza. Eso es un privilegio de clase social, como los cigarros puros. Su pésima literatura será siempre una literatura “ a sangre y fuego”, como en el fuego del cielo y la sangre de los hombres.

lunes 31 de agosto de 2009

Un trozo de tiza- G.K.Chesterton

Un trozo de tiza- G.K.Chesterton

Publicado en Enormes Minucias

Recuerdo una espléndida mañana durante las vacaciones de verano, toda azul y plata, en la que, con muy pocas ganas, conseguí apartarme de la tarea de no hacer nada en concreto. Me puse algún tipo de sombrero, recogí mi bastón y me guarde en el bolsillo seis trozos de tiza de brillantes colores. Después entré en la cocina, (que junto al resto de la casa era propiedad de una señora muy honrada y razonable, vecina de una aldea de Sussex) para pedirle a la dueña y ocupante de la cocina, un poco de papel marrón (papel de cartón). Tenía mucho, de hecho, incluso demasiado. Pero estaba equivocada respecto a para que sirve el papel marrón. Ella creía que, si uno quiere papel marrón, es para hacer paquetes, algo que yo no planeaba. A decir verdad es algo que supera mi capacidad mental. Pero la señora le daba muchas vueltas a como algunos papeles eran más resistentes que otros. Aclaré que lo único que pretendía era dibujar, así que no me preocupaba lo que pudiese durar el papel. Lo que me interesaba no era que el papel fuese duro sino absorbente, algo que es indiferente en un paquete. Cuando comprendió que yo quería dibujar, me abrumó con ofertas de papel de cartas. Aparentemente, dio por sentado que si escribo mis notas y cartas en papel marrón viejo es para ahorrar.

Entonces, intenté explicar este delicado matiz lógico: no solo me gusta el papel marrón me gusta el colorido marrón en el papel, como me gusta en los bosques en octubre. O en la cerveza, o en los arroyos que corren entre las turberas en el norte. El papel marrón encarna los primeros trabajos en el primer amanecer de la creación. Con un par de tiza de colores, encuentras en él puntos de fuego, llamaradas de oro, vetas rojas como la sangre y verdes como el mar, como las primeras estrellas que brillaron en la oscuridad. Todo esto se lo dije de pasada a mi casera, mientras me guardaba el papel marrón en el bolsillo junto a las tizas y, posiblemente, otras cosas. Se me ocurre que todos hemos meditado en alguna ocasión sobre lo poéticas y fundamentales que son las cosas que llevamos en los bolsillos. La navaja, por ejemplo, prototipo de toda herramienta humana cuya hija es la espada. Una vez, empecé a escribir un libro de poemas que trataba solamente de las cosas que encontré en mi bolsillo. Pero iba a ser demasiado largo y los poemas épicos están pasados de moda.

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Con mi bastón, mi navaja, mis tizas y mi papel marrón, eché a andar por los blancos acantilados. Trepé por esos contornos colosales que representan lo mejor de Inglaterra al ser a la vez grandes y suaves. Su suavidad es similar a la de los grandes percherones o los abedules. Proclaman a los cuatro vientos, contradiciendo nuestras teorías cobardes y crueles, que los fuertes son misericordiosos. El valle que abarcaba mi vista era tan amable como cualquiera de sus casas pero ,en cuestión de fuerza, era como un terremoto. Saltaba a la visa que las aldeas en aquel inmenso valle habían disfrutado de seguridad durante siglos, pero toda la tierra era como una ola inmensa alzándose para arrastrarlas.

Anduve de un prado a otro, buscando un lugar para sentarme a dibujar. Por lo que más quieran, no supongan que iba a hacer un boceto del natural. Iba a dibujar diablos y arcángeles, ciegos dioses que la humanidad adoraba antes del amanecer de la razón, santos vestidos con brillantes túnicas carmesíes, extraños mares verdes y todos esos símbolos, sagrados o monstruosos, que quedan tan bien dibujados con tizas brillantes sobre papel marrón de dibujo. Son más dignos de ser dibujados que la naturaleza. Y además son mucho más fáciles de dibujar.

Un vulgar artista hubiera dibujado la vaca que estaba pastando en el prado frente a mí, pero, como siempre me equivoco con las patas traseras de los cuadrúpedos, plasmé el alma de la vaca. Podía verla paseando frente a mí a plena luz del día. El alma tenía siete cuernos, era plateada y carmesí, con el misterio de todos lo animales. Así que por más que no pudiese sacar lo mejor del paisaje con un lápiz, no crean que el paisaje no sacaba lo mejor de mí. Creo que este es el error que se comete al estudiar los antiguos poetas anteriores a Woodsworth. La idea general es que no les interesaba la naturaleza ya que no la describieron mucho.
Puede que prefiriesen escribir sobre los grandes hombres a escribir sobre las grandes colinas. Pero estaban sentados sobre las colinas al escribir. Nos dieron menos sobre la naturaleza pero estaban empapados en ella. Pintaron de blanco la túnica de la sagrada virgen con nieve deslumbrante como la que miraban todo el día. Decoraron los escudos de sus paladines con la púrpura y el dorado de sus heráldicas puestas de sol. El verdor de mil hojas se agrupó en la figura verde de Robín Hood. El azul de cientos de olvidados cielos se cambió en el azul de los mantos de la Virgen. Recibían la inspiración en los rayos del sol , como enviada por Apolo.
***

Pero mientras garabateaba en el papel marrón, noté, muy irritado, que había dejado en casa la tiza más exquisita e importante. Revolví todos mis bolsillos pero no encontré nada de tiza blanca. Aunque los conocedores de la filosofía, mejor dicho religión, de dibujar sobre papel marrón conocen la importancia del blanco, tan positivo como esencial, no puedo evitar explicar ahora su significado moral. Una de las grandes verdades que nos revela el arte de dibujar sobre el papel marrón en que el blanco es un color, no su simple ausencia. Es algo brillante y agresivo, tan fiero como el rojo, tan concreto como el negro. Cuando, por así decirlo, tu lápiz esta al rojo vivo, dibuja rosas. Si esta candente, estrellas. Y una de las dos o tres verdades más importantes de la mejor filosofía religiosa, del verdadero cristianismo por ejemplo, es exactamente esa. La principal afirmación de la moral religiosa es que el blanco es un color. La virtud no es la ausencia de vicios o huir de los peligros morales. La virtud es algo concreto e independiente. La misericordia no es abstenerse de crueldad o perdonar el castigo o la venganza. Es algo real y concreto como el sol que uno ha visto o no. La castidad no es abstenerse de una sexualidad malsana, es algo ardiente como Juana de Arco. En pocas palabras, Dios pinta con una amplia paleta pero nunca con tanta hermosura, y casi diría que tan llamativamente, como cuando pinta con el blanco. En nuestra época acepta este hecho y lo expresa en la ropa triste. Porque si fuese cierto que el blanco es algo negativo y discreto, se usaría en los funerales de esta época tan pesimista, en vez del negro o el gris. Veríamos a los señores en las oficinas con abrigos de impecable lino plateado y chistera maravillosamente blancas como lirios del valle. Lo que no sucede.

Pero yo seguía sin encontrar mi tiza.

***
Estaba sentado en la colina a punto de desesperarme. La ciudad más cercana era Chichester y no era ni remotamente probable que allí hubiese una tienda de material de dibujo. Pero sin el blanco, mis dibujitos eran tan absurdos como lo sería el mundo sin gente buena. Me quede mirándolos devanándome los sesos. De repente, me levante soltando carcajadas ,hasta tal punto que las vacas se pusieron a observarme reunidas en comité. Imaginaos alguien que en el Sahara lamentase no tener arena para un reloj de arena, alguien que en medio del océano lamentase no haber traído agua salada para un experimento de química. Estaba sentado sobre un inmenso almacén de tiza blanca. Todo el paisaje estaba compuesto de tiza blanca. La tiza blanca estaba amontonada hasta tocar el cielo. Me incliné y arranque un trozo de la roca sobre la que estaba sentado. No pintaba tan bien como la de las tiendas pero sirvió. Y me quede allí, encantado al darme cuenta que el sur de Inglaterra es algo más que una gran península, una tradición o una civilización. Es algo incluso más admirable: un trozo de tiza.*

*…a piece of chalk. Piece es pedazo y también pintura, obra o pieza.

domingo 30 de agosto de 2009

En defensa del desatino- G.K.CHESTERTON

En defensa del desatino- G.K.CHESTERTON


Hay dos iguales y eternas maneras de mirar este crepuscular mundo nuestro: podemos verlo como el crepúsculo de la tarde o como el crepúsculo de la mañana; podemos pensar en cualquier cosa, hasta en una bellota caída, como descendiente o como antecesor. Hay veces en que estamos casi abrumados, no tanto con la carga de la maldad como con la de la bondad de la humanidad, cuando sentimos que no somos más que los herederos de un esplendor humillante. Pero hay otras ocasiones en que todo parece primitivo, cuando las antiguas estrellas no son más que chispas salidas de una fogata de muchacho, cuando toda la tierra parece tan joven y experimental que hasta el pelo blanco del anciano, en la exquisita frase bíblica, es como almendros en flor, como el albo espino dado en mayo. Que es bueno para un hombre comprender que él es "el heredero de todo el pasado", suele decirse; punto menos popular, pero de pareja importancia, es que a veces le resulta bueno comprender que no es solamente antecesor, sino también antecesor de prístina antigüedad; resultaba bueno para él preguntarse si no es acaso héroe, y experimentar ennoblecedoras dudas sobre si no es acaso mito solar.
Los asuntos que más cabalmente evocan este sentido de la perdurable infancia del mundo son los realmente nuevos, bruscos y originales de cada edad; y si nos preguntasen cuál fue la mejor prueba de esta intrépida juventud en el siglo XIX, diríamos, con el mayor respeto por sus portentosas ciencia y filosofía, que ella habría de encontrarse en los versos de Mr. Edward Lear en la literatura del desatino. El dong de nariz luminosa, por menos, es original, como fueron originales el primer buque y el primer arado.
Es verdad en cierto sentido que algunos de los más grandes escritores que el mundo ha visto -Aristófanes, Rabelais y Sterne- han escrito desatinos; pero, a menos que nos equivoquemos, es en sentido muy diferente.
El desatino de esos hombres era satírico, es decir, simbólico; una especie de exuberante cabrioleo alrededor de una verdad descubierta. Existe la mayor diferencia del mundo entre el instinto de la sátira, que, viendo en los mostachos del káiser algo típico de él, se los dibuja cada vez más grandes, y el instinto del desatino, el cual, por ninguna razón absolutamente, imagina cómo le quedarían esos mostachos al actual arzobispo de Canterbury si se los dejara en un acceso de abstracción. Nos inclinamos a pensar que ninguna edad que no fuera la nuestra podría haber comprendido que el Quangle-Wangle no significaba absolutamente nada, y que las Tierras de los Bollitos no estaban en ninguna parte. Nos imaginamos que si la narración del juicio de la Sota en Alicia en el país de las maravillas se hubiera publicado en el siglo XVII, habríase igualado al Juicio del fiel de Bunyan, como parodia de las persecuciones del Estado en esa época. Nos imaginamos que si El dong de la nariz luminosa hubiera aparecido en el mismo periodo, todos la habrían supuesto una insípida sátira sobre Oliverio Cromwell.
Es del todo deliberado que citemos principalmente los Versos desatinados de Mr. Lear. A nuestro parecer Mr Lear es cronológica y esencialmente el padre del desatino; lo consideramos superior a Lewis Carroll. En un sentido, por cierto, Lewis Carroll lleva gran ventaja. Nosotros sabemos qué era Lewis Carroll en la vida cotidiana: un caballero singularmente serio y convencional, universalmente respetado, pero con mucho de pedante y algo de filisteo. Así, su extraña doble vida en la tierra y en la región de los sueños acentúa la idea que está en el fondo del desatino: la idea de evasión, de evasión hacia un mundo donde las cosas no se hallan horriblemente fijadas en una eterna justeza, donde los perales dan manzanas y cualquier hombre raro con que uno se cruce puede tener tres piernas. Lewis Carroll, viviendo una vida en la cual habría tronado moralmente contra cualquiera que caminara sobre la parcela de hierba que no le correspondía, y otra vida en la cual habría llamado con alegría verde al sol y azul a la luna, era, por su misma índole dividida, con un pie en cada uno de los dos mundos, un tipo perfecto de la posición del desatino moderno. Su país de las maravillas es una región poblada por matemáticos locos. Sentimos que todo es evasión hacia un mundo de mascarada; sentimos que si pudiéramos penetrar sus disfraces, habríamos de descubrir que Humpty Dumpty y la Liebre de Marzo eran profesores y doctores en teología disfrutando de un feriado mental. Este sentido de la evasión resulta sin duda menos enfático en Edward Lear, a causa de lo completo de su ciudadanía en el mundo de la sinrazón. No conocemos su prosaica biografía como conocemos la de Lewis Carroll. Lo aceptamos como figura puramente fabulosa, según la descripción que hace de sí:
Su cuerpo es perfectamente esférico
y lleva un sombrero de tres cuernos.
Mientras que el país de las maravillas de Lewis Carroll es puramente intelectual, Lear introduce otro elemento del todo diferente: el elemento de lo poético y hasta emocional. Carroll trabaja con la razón pura, pero éste no es contraste tan fuerte; porque después de todo la humanidad, en general, siempre ha considerado la razón como un poco de chanza. Lear introduce sus palabras faltas de sentido y sus criaturas amorfas no con la pompa de la razón, sino con el romántico preludio de ricos matices y obsesionantes ritmos.
Lejanas y escasas, lejanas y escasas,
son las tierras donde moran los jumblies,
es un tipo de poesía por entero diferente al exhibido en Jabberwocky. Carroll, con sentido de pulcritud matemática, hace de todo su poema un mosaico de palabras nuevas y misteriosas. Pero Edward Lear, con sutil y plácida desfachatez, está siempre introduciendo migajas de su dialecto de duendes en medio de relatos simples y racionales, hasta que quedamos poco menos que pasmados al comprobar que sabemos su significado. Hay un genial campanilleo de sentido común en versos como éstos:
Porque su tía Johiska decía:
"Todos saben que es mejor un Pobble cuando le faltan
los dedos de los pies..
lo cual está más allá del alcance de Carroll. El poeta parece tan natural en el asunto, que casi nos mueve a pretender que comprendemos lo que quiere decir, que conocemos las peculiares dificultades de un Pobble, que viajamos hace tanto tiempo como él por la "llanura grombooliana".
Nuestra pretensión de que el desatino es una nueva literatura (casi podríamos decir un nuevo sentido) sería por completo-indefendible si el desatino no fuese nada más que simple capricho estético. Nada sublimemente artístico ha surgido nunca del mero arte, nada más que algo en esencia racional ha surgido nunca de la pura razón. Siempre debe haber un rico terreno moral para cualquier gran producción estética. El principio del arte por el arte es muy buen principio si significa que existe una vital diferencia entre la tierra y el árbol que tiene sus raíces en la tierra; pero es muy mal principio si significa que el árbol puede crecer también con las raíces en el aire. Toda gran literatura ha sido siempre alegórica de una visión del universo entero. La Iliada es grande sólo porque toda la vida es un combate, la Odisea porque la vida es un viaje, el Libro de Job porque toda la vida es un enigma. Existe una actitud en la cual pensamos que toda la existencia podría resumirse en la palabra espectros; otra, algo mejor, en la cual pensamos que se resume en las palabras sueño de una noche de verano. Hasta el melodrama o novela policial más vulgares pueden ser buenos si expresan algo del goce que se siente al pensar en posibilidades siniestras: el saludable anhelo de oscuridad y terror que puede invadirnos cualquier noche al caminar por una calle oscura. Por ello, si el desatino va a ser realmente la literatura del futuro, tiene que ofrecer su versión propia del cosmos; el mundo no debe ser sólo lo trágico, lo romántico, lo religioso, debe ser también lo desatinado. Y aquí nos imaginamos que el desatino, de modo sumamente inesperado, vendrá en ayuda de la visión espiritual de las cosas. La religión ha estado tratando, por espacio de siglos, de hacer que los hombres se regocijen en las maravillas de la creación; pero ha olvidado que una cosa no puede ser por completo maravillosa en tanto que continúe siendo lógica. Mientras consideremos un árbol como cosa obvia, natural y razonablemente creada para alimentar a una jirafa, no podemos maravillarnos cabalmente de él. Cuando lo consideramos como prodigiosa ola de la tierra viviente, que se alarga hacia los cielos sin ninguna razón particular, sólo entonces nos quitamos el sombrero, para asombro del guardián del parque. Todo tiene en realidad otra cara para él, como la luna, hada madrina del desatino. Visto desde otro lado, un pájaro es flor desprendida de la cadena de su tallo; un hombre es cuadrúpedo mendigando sobre sus patas traseras; una casa es sombrero gigantesco para proteger a un hombre del sol; una silla es aparato de cuatro piernas de madera para un tullido que sólo cuenta con dos.
Esta es la faz de las cosas que tiende más realmente al asombro espiritual. Es significativo que en el más grande poema religioso que se ha creado, el Libro de Job, él argumento que convence al infiel no sea (como lo ha representado el fariseísmo meramente racional del siglo XVIII) un cuadro de la ordenada caridad de la creación; sino, por el contrario, un cuadro de su enorme e indescifrable falta de razón. "¿Tú has hecho llover sobre el desierto donde no hay hombres?" Esta simple sensación de maravilla ante las formas de las cosas, y ante su exuberante independencia de nuestras normas intelectuales y de nuestras triviales definiciones, es la base de la espiritualidad, y también del desatino. Desatino y fe (por extraña que pueda parecer la conjunción) son las dos aseveraciones simbólicas de la verdad de que sondear el alma de las cosas con un silogismo es tan imposible como sondear a nuestro Leviatán con un anzuelo. La bien intencionada persona que, por el mero estudio del lado lógico de las cosas, ha decidido que "la fe es desatino", no sabe con qué precisión habla; más tarde puede volver a él bajo la forma de que el desatino es fe.

viernes 28 de agosto de 2009

Lepanto-G.K.CHESTERTON

Lepanto-G.K. CHESTERTON

Versión de Jorge Luis Borges
(publicada originalmente en el primer número
-noviembre de 1938- de la revista argentina Sol y Luna)




Blancos los surtidores en los patios del sol;
El Sultán de Estambul se ríe mientras juegan.
Como las fuentes es la risa de esa cara que todos temen,
Y agita la boscosa oscuridad, la oscuridad de su barba,
Y enarca la media luna sangrienta, la media luna de sus labios,
Porque al más íntimo de los mares del mundo lo sacuden sus barcos.
Han desafiado las repúblicas blancas por los cabos de Italia,
Han arrojado sobre el León del Mar el Adriático,
Y la agonía y la perdición abrieron los brazos del Papa,
Que pide espadas a los reyes cristianos para rodear la Cruz.
La fría Reina de Inglaterra se mira en el espejo;
La sombra de los Valois bosteza en la Misa;
De las irreales islas del ocaso retumban los cañones de España,
Y el Señor del Cuerno de Oro se está riendo en pleno sol.
Laten vagos tambiores, amortiguados por las montañas,
Y sólo un príncipe sin corona, se ha movido en un trono sin nombre,
Y abandonando su dudoso trono e infamado sitial,
El último caballero de Europa toma las armas,
El último rezagado trovador que oyó el canto del pájaro,
Que otrora fue cantando hacia el sur, cuando el mundo entero era joven.
En ese vasto silencio, diminuto y sin miedo
Sube por la senda sinuosa el ruido de la Cruzada.
Mugen los fuertes gongs y los cañones retumban,
Don Juan de Austria se va a la guerra.
Forcejean tiesas banderas en las frías ráfagas de la noche,
Oscura púrpura en la sombra, oro viejo en la luz,
Carmesí de las antorchas en los atabales de cobre.
Las clarinadas, los clarines, los cañones y aquí está él.
Ríe Don Juan en la gallarda barba rizada.
Rechaza, estribando fuerte, todos los tronos del mundo,
Yergue la cabeza como bandera de los libres.
Luz de amor para España ¡hurrá!
Luz de muerte para África ¡hurrá!
Don Juan de Austria
Cabalga hacia el mar.

Mahoma está en su paraíso sobre la estrella de la tarde
(Don Juan de Austria va a la guerra.)
Mueve el enorme turbante en el regazo de la hurí inmortal,
Su turbante que tejieron los mares y los ponientes.
Sacude los jardines de pavos reales al despertar de la siesta,
Y camina entre los árboles y es más alto que los árboles,
Y a través de todo el jardín la voz es un trueno que llama
A Azrael el Negro y a Ariel y al vuelo de Ammon:
Genios y Gigantes,
Múltiples de alas y de ojos,
Cuya fuerte obediencia partió el cielo
Cuando Salomón era rey.
Desde las rojas nubes de la mañana, en rojo y en morado se precipitan,
Desde los templos donde cierran los ojos los desdeñosos dioses amarillos;
Ataviados de verde suben rugiendo de los infiernos verdes del mar
Donde hay cielos caídos, y colores malvados y seres sin ojos;
Sobre ellos se amontonan los moluscos y se encrespan los bosques grises del
mar,
Salpicados de una espléndida enfermedad, la enfermedad de la perla;
Surgen en humaredas de zafiro por las azules grietas del suelo,-
Se agolpan y se maravillan y rinden culto a Mahoma.
Y él dice: Haced pedazos los montes donde los ermitaños se ocultan,
Y cernid las arenas blancas y rojas para que no quede un hueso de santo
Y no déis tregua a los rumíes de día ni de noche,
Pues aquello que fue nuestra aflicción vuelve del Occidente.

Hemos puesto el sello de Salomón en todas las cosas bajo el sol
De sabiduría y de pena y de sufrimiento de lo consumado,
Pero hay un ruido en las montañas, en las montañas y reconozco
La voz que sacudió nuestros palacios -hace ya cuatro siglos:
¡Es el que no dice "Kismet"; es el que no conoce el Destino,
Es Ricardo, es Raimundo, es Godofredo que llama!
Es aquel que arriesga y que pierde y que se ríe cuando pierde;
Ponedlo bajo vuestros pies, para que sea nuestra paz en la tierra.
Porque oyó redoblar de tambores y trepidar de cañones.
(Don Juan de Austria va a la guerra)
Callado y brusco -¡hurrá!
Rayo de Iberia
Don Juan de Austria
Sale de Alcalá.

En los caminos marineros del norte, San Miguel está en su montaña.
(Don Juan de Austria, pertrechado, ya parte)
Donde los mares grises relumbran y las filosas marcas se cortan
Y los hombres del mar trabajan y las rojas velas se van.
Blande su lanza de hierro, bate sus alas de piedra;
El fragor atraviesa la Normandía; el fragor está solo;
Llenan el Norte cosas enredadas y textos y doloridos ojos
Y ha muerto la inocencia de la ira y de la sorpresa,
Y el cristiano mata al cristiano en un cuarto encerrado
Y el cristiano teme a Jesús que lo mira con otra cara fatal
Y el cristiano abomina de María que Dios besó en Galilea.
Pero Don Juan de Austria va cabalgando hacia el mar,
Don Juan que grita bajo la fulminación y el eclipse,
Que grita con la trompeta, con la trompeta de sus labios,
Trompeta que dice ¡ah!
¡Domino Gloria!
Don Juan de Austria
Les está gritando a las naves.


El rey Felipe está en su celda con el Toisón al cuello
(Don Juan de Austria está armado en la cubierta)
Terciopelo negro y blando como el pecado tapiza los muros
Y hay enanos que se asoman y hay enanos que se escurren.
Tiene en la mano un pomo de cristal con los colores de la luna,
Lo toca y vibra y se echa a temblar
Y su cara es como un hongo de un blanco leproso y gris
Como plantas de una casa donde no entra la luz del día,
Y en ese filtro está la muerte y el fin de todo noble esfuerzo,
Pero Don Juan de Austria ha disparado sobre el turco.
Don Juan está de caza y han ladrado sus lebreles-
El rumor de su asalto recorre la tierra de Italia.
Cañón sobre cañón, ¡ah, ah!
Cañón sobre cañón, ¡hurrá!
Don Juan de Austria
Ha desatado el cañoneo.

En su capilla estaba el Papa antes que el día o la batalla rompieran.
(Don Juan está invisible en el humo)
En aquel oculto aposento donde Dios mora todo el año,
Ante la ventana por donde el mundo parece pequeño y precioso.
Ve como en un espejo en el monstruoso mar del crepúsculo
La media luna de las crueles naves cuyo nombre es misterio.
Sus vastas sombras caen sobre el enemigo y oscurecen la Cruz y el Castillo
Y velan los altos leones alados en las galeras de San Marcos;
Y sobre los navíos hay palacios de morenos emires de barba negra;
Y bajo los navíos hay prisiones, donde con innumerables dolores,
Gimen enfermos y sin sol los cautivos cristianos
Como una raza de ciudades hundidas, como una nación en las ruinas,
Son como los esclavos rendidos que en el cielo de la mañana
Escalonaron pirámides para dioses cuando la opresión era joven;

Son incontables, mudos, desesperados como los que han caído o los que huyen
De los altos caballos de los Reyes en la piedra de Babilonia.
Y más de uno se ha enloquecido en su tranquila pieza del infierno
Donde por la ventana de su celda una amarilla cara lo espía,
Y no se acuerda de su Dios, y no espera un signo-
(¡Pero Don Juan de Austria ha roto la línea de batalla!)
Cañonea Don Juan desde el puente pintado de matanza.
Enrojece todo el océano como la ensangrentada chalupa de un pirata,
El rojo corre sobre la plata y el oro.
Rompen las escotillas y abren las bodegas,
Surgen los miles que bajo el mar se afanaban
Blancos de dicha y ciegos de sol y alelados de libertad.
¡Vivat Hispania!
¡Domino Gloria!
¡Don Juan de Austria
Ha dado libertad a su pueblo!

Cervantes en su galera envaina la espada
(Don Juan de Austria regresa con un lauro)
Y ve sobre una tierra fatigada un camino roto en España,
Por el que eternamente cabalga en vano un insensato caballero flaco,
Y sonríe (pero no como los Sultanes), y envaina el acero...
(Pero Don Juan de Austria vuelve de la Cruzada.)

jueves 27 de agosto de 2009

La mentira del éxito- G.K.CHESTERTON

La mentira del éxito- G.K.CHESTERTON


Han surgido en nuestros días, un tipo en particular de libros y artículos que creo firmemente que pueden considerarse los más idiotas que ha conocido la humanidad. Son más descabellados que la novela de caballerías más absurda , más aburridos que el más soporífero panfleto religioso. Con la agravante de que las novelas de caballerías trataban del ideal del caballero andante, los panfletos religiosos de la religión, pero estos no tratan de nada. Tratan de lo que llaman triunfar. En cada quiosco y en cada revista, encuentras obras que le explican a la gente como triunfar en lo qué sea. Están escritos por gente que ni siguiera triunfa en escribir un libro. Para empezar, no existe, por supuesto, el éxito. O, por así decirlo, no hay nada que no lo sea. Decir que algo es un éxito sencillamente es decir que existe. El millonario es un éxito siendo un millonario y un asno siendo un asno. Cualquier persona viva triunfa en la empresa de seguir viviendo, y cualquier muerto puede decirse que ha tenido éxito suicidándose. Pero, al igual que hacen estos escritores, pasemos por alto la mala filosofía y deficiente lógica de la frase, usaremos el sentido común de la expresión que dice que el éxito es ganar mucho dinero o triunfar en sociedad. Estos escritores pretenden decirle a un hombre corriente cómo puede triunfar en su trabajo o negocio. Si es un albañil, cómo triunfar poniendo ladrillos. Si es un agente de bolsa, cómo triunfar negociando valores. Pretenden decirle cómo, si es un tendero, se convertirá en el dueño de un yate, si es un periodista de tercera, en un par del reino, si es un alemán, en un inglés. Es una clara proposición mercantil y creo que la gente que compra estos libros, si es que alguien lo hace, tiene el derecho moral, si no legal, de exigir que les devuelvan el dinero. Nadie se atrevería a publicar un manual sobre electricidad que literalmente no dijese nada sobre la electricidad, o una articulo de botánica que dejase claro que el escritor no sabe que extremo de la planta hecha raíces en el suelo. Sin embargo, el mundo actual esta repleto de libro sobre el éxito y los triunfadores que, hablando estrictamente, no contienen idea alguna y apenas están redactados coherentemente.
Está muy claro que en cualquier trabajo honrado, cómo poner ladrillos o escribir libros, solo hay dos maneras de triunfar. Una es trabajando muy bien, otra engañando a la gente. Las dos son demasiado sencillas cómo para requerir que las expliques en un libro. Si te dedicas al salto de altura, o saltas más alto o de alguna forma aparentas que lo has hecho. Si quieres triunfar jugando al whist, o juegas muy bien o llevas cartas marcadas. Puedes desear un libro sobre el salto de altura, puedes desear un libro sobre la cómo jugar al whist, puedes desear un libro sobre la manera de hacer trampas jugando al whist. Lo que no puedes desear es un libro sobre el éxito. Y menos como los que encuentras por centenares esparcidos por el mercado editorial. Puede que desees saltar o jugar a las cartas, pero lo que no puedes desear es leer frases inconexas que te dicen que saltar es saltar o que los juegos los ganan los ganadores.
Si, por poner un ejemplo, esta gente escribiese algo sobre el éxito en el salto de altura, sería algo así: El saltador debe tener un objetivo definido en frente de sí. Debe desear saltar más alto que los demás competidores. No debe permitir que patéticos sentimientos de piedad, propios de pacifistas o partidarios de los Boers, le frenen a la hora de dar lo mejor de sí mismo. Debe recordar que una competición de salto es competitiva y como Darwin ha declarado para su gloria LOS DEBILES AL PAREDÓN.
Esto es lo que pondría en un libro de estos. Podría resultar sin dudarlo, muy útil. Sobre todo si se lee, en voz baja y tensa, a un hombre joven que estuviese a punto de participar en una competición de salto.
O supongamos que estos filósofos del éxito, en uno de sus paseos, se encontrasen con nuestro segundo ejemplo. Eso es lo que dirían: jugando a las cartas, es necesario evitar el error, en el que incurren con frecuencia humanitarios sentimentales y partidarios del libre comercio, de permitir ganar al contrario. Hacen falta agallas y entrar para ganar. Los tiempos del idealismo y la superstición han pasado. Vivimos en una época de ciencia y sentido común, y se ha demostrado científicamente que en un juego para dos personas, GANA UNO DE LOS DOS.
Por supuesto, todo esto es muy emocionante. Pero jugando a las cartas, preferiría tener un librito que explicase las reglas del juego. Más allá de las reglas del juego, es cuestión de talento o de falta de escrúpulos. Ya me ocuparé yo de proporcionar uno u otra. Aunque no diré cual.
Cogiendo un ejemplar de una revista de amplia circulación, me encuentro con un ejemplo raro y divertido. Es un artículo titulado “El instinto que enriquece a la gente”, en su primera pagina hay un retrato enorme de Lord Rothschild. Hay mucho métodos concretos, honrados y fraudulentos, de amasar una fortuna. El único instinto que conozco que haga esto, es el instinto que la teología cristiana llama, con tanta ordinariez, “ el pecado de avaricia” Lo que, por supuesto, queda al margen de la cuestión que nos ocupa. Citaré un párrafo, una muestra exquisita del típico consejo sobre la manera de triunfar. Es tan práctico que apenas deja lugar a la duda sobre cual debe ser el siguiente paso.
"El apellido Vanderbilt es sinónimo de riqueza amasada por empresas modernas. Cornelio, el fundador del clan, fue el primer gran magnate americano del comercio. Empezó en la vida como el hijo de un granjero pobre, terminó siendo veinte veces millonario.
Suyo era el instinto de ganar dinero. Atrapó al vuelo las oportunidades que le proporcionaron las maquinas de vapor, el comercio trasatlántico y el nacimiento del sistema de ferrocarriles en Estados Unidos, dotados de recursos materiales que estaban por explotar. Por todo ello, amasó una fortuna inmensa.
Por supuesto, esta claro que no se pueden seguir exactamente los pasos de este monarca de los ferrocarriles. Las oportunidades concretas que se le aparecieron no surgen ante nosotros. Las circunstancias han cambiado. Pero aunque esto sea así, en nuestro entorno podemos aplicar sus métodos generales. Podemos atrapar las oportunidades que se nos ofrecen y así darnos a nosotros mismos una buena posibilidad de alcanzar la riqueza."
En estos comentarios tan raros, vemos claramente lo que subyace en estos artículos y libros. No es simplemente el mundo de los negocios, ni siquiera el puro cinismo. Es misticismo, el horrible misticismo del dinero. El autor de ese párrafo, esta resulta evidente que no tenia la más remota idea de cual fue la manera en que Vanderbilt amasó su fortuna ni de la manera en que nadie lo hace. Termina su argumentación defendiendo una especie de plan que no tiene nada que ver con Vanderbilt. Simplemente, ansiaba postrarse a los pies del misterio de un millonario. Porque cuando de verdad se adora algo, amamos tanto su claridad como su oscuridad. Nos sentimos exultantes ante su invisibilidad. Por ejemplo, un hombre que ama a una mujer encuentra un placer especial incluso en los momentos en que ella se muestra poco razonable. O, por poner otro ejemplo, un poeta místico muy piadoso, alabando a su creador, se enorgullece al decir que misteriosos son sus caminos.
Ahora bien, el autor de este párrafo, es evidente que no quiere saber nada de Dios y a juzgar por lo poco practico de su carácter, es dudoso que alguna vez conociese, de verdad, el amor de una mujer. Pero trata al objeto de su adoración, Vanderbilt, con idéntico misticismo. Se regodea en que su dios, Vanderbilt, le oculta algo. Tiene el alma embelesada de astucia, un éxtasis propio de un sacerdote, con la pretensión de que va a revelar a las multitudes el terrible secreto que él mismo ignora.
Hablando del sentido que enriquece, el mismo autor escribe:
"En la antigüedad, su existencia era claramente reconocida. Los griegos la sacralizaron en la historia de Midas, que convertía en oro cuanto tocaba. Su vida era un paseo por entre la riqueza. Convertía en metal precioso todo lo que se le ponía por delante. Una leyenda estúpida, dijeron los sabios victorianos. Una verdad, decimos hoy en día. Todos conocemos hombres semejantes. Siempre estamos leyendo sobre hombres capaces de convertir todo en oro, incluso les vemos en persona. El éxito les sigue como un perro faldero. El sendero de su vida siempre les conduce a las alturas. Son incapaces de fracasar.."
Pero, desgraciadamente, Midas podía fracasar. Fracasó. El sendero de su vida no le condujo siempre hacia las alturas. Se murió de hambre por que cada vez que tocaba una galleta o un bocadillo de jamón se convertían en oro. Eso era lo fundamental de la historia por más que el autor lo censure. Lo que me parece de muy buena educación al escribir al pie de un retrato de Lord Rothschild. Las viejas fábulas de la humanidad son, en verdad, insondablemente sabias, no debemos permitir que las censuren para favorecer a Lord Rothschild. No debemos tolerar que nos pongan a Midas como modelo de éxito. Fue un fracaso de un tipo raro por lo doloroso. Además tenia orejas de burro. Como otras personas prominentes y ricas, intentó ocultarlo. Si no recuerdo mal, busco a este respecto la confianza de su barbero. Y fue su barbero, quien en lugar de comportarse como un triunfador de la escuela del éxito a toda costa y chantajear a Midas, fue y susurró este magnifico cotilleo a los juntos, que disfrutaron del mismo enormemente. También se dice que los juncos se lo susurraron a los cuatro vientos mientras estos les mecían. Contemplo admirado el retrato de Lord Rothschild, leo admirado sobre las andanzas del Sr.Vanderbilt. Sé que no puedo convertir en oro cuanto toco. Pero es que nunca lo he intentado porque prefiero otras cosas, como la hierba o el buen vino. Sé que estas personas ciertamente han triunfado en algo, es seguro que han derrotado a alguien, sé que son monarcas de una manera en que ningún hombre lo fue previamente, que crean mercados y dominan los continentes. Sin embargo, me parece a mí que nos están ocultando alguna pequeña anécdota de su intimidad domestica, y, a veces, he creído escuchar en el viento las carcajadas de los juncos.
Esperemos al menos que viviremos para ver estos absurdos libros cubiertos del escarnio que merecen y siendo olvidados. No enseñan a la gente a triunfar pero sí a ser arrogantes sin razón. Enseñan una poesía maligna de lo mundano. Los puritanos siempre están atacando los libros que excitan la sexualidad. ¿Qué haremos con libros que excitan las pasiones más mezquinas del orgullo y la codicia?
Hace cien años, contábamos con el ideal del aprendiz trabajador. Se decía a los muchachos que si trabajaban mucho y ahorraban llegarían a ser senadores. Era mentira pero era viril. Contenía al menos algo de verdad moral. En nuestra sociedad, la templaza no ayuda a un hombre pobre a enriquecerse pero eleva su autoestima. Un trabajo bien hecho no le hará rico, pero le convertirá en un buen trabajador. El aprendiz trabajador ascendía por medio de virtudes que eran estrechas y angostas. Pero eran virtudes. ¿Pero qué se puede hacer con este nuevo evangelio del aprendiz trabajador que asciende, no por medio de sus virtudes, si no dejándose llevar descaradamente por sus vicios?

miércoles 26 de agosto de 2009

Carta a una niña-G.K.CHESTERTON

Carta a una niña-G.K.CHESTERTON

Prologo de Meadows of play de Margaret Arndt (1909), publicado también en Maestro de Ceremonias de G.K.Chesterton

Mí querida ahijada:
Tu madre escribió estos pequeños poemas infantiles para sus dos pequeñas hijas, y es por eso que merecen ser difundidos entre todos los niños y niñas del mundo.
Es cosa sabida que nunca se comprende bien lo que es esta tierra grande, mientras no se posee algún pedacito de ella, tampoco se sabe bien nada referente a las demás cosas del mundo, ya se trate de gatos y hasta de ángeles sin haber tenido una de ellas. Pero tú, como eres una niña buena, probablemente tengas un gato y, con toda seguridad, tienes un ángel. Hace poco tiempo que yo compre un perro, y desde entonces miro a todos los perros que veo en las calles o en las salas, a los que nunca hubiera pensado en mirar en otros tiempos, y los miro ahora porque son perros simpáticos, y además, porque no son tan lindos como el mío, naturalmente. También fue por eso, en parte, que tu madre escribió esas canciones; porque ama a todos los niños del mundo, y también porque os ama a vosotras más que a todos ellos.
Estoy seguro de que sabes que tu madre se fue de mi país al tuyo antes que tú nacieras. Partió de Inglaterra, donde las ropas de los soldados y los buzones son rojos, y se fue a Alemania, donde los soldados y los buzones son azules. Habrá tal vez otras diferencias, pero esas del color son las primeras que se ofrecen a la vista. Hay en el mundo mucha gente, mi querida ahijada, que tratara de enseñarte que esas diferencias son lo que hay de mas importante, y que hay grandes naciones conocidas principalmente por el color de sus buzones o por la manera con que sus soldados se abotonan las chaquetas. Hay gente que tratan de hacer que esas naciones peleen por causas todavía más insignificantes que ésas.
Algunos ingleses te dirán que los alemanes van a hacer volar con pólvora a Inglaterra, y habrá alemanes que te dirán que los ingleses harán otro tanto con Alemania, empleando gases, dinamita o alguna otra cosa desagradable. No les creas; son personas que quieren hacer daño valiéndose de cosas tan insignificantes como son los colores azules o rojos de los buzones. Yo deseo que siempre recuerdes lo que es verdaderamente importante en tu gran país, y también que pienses un poco en lo que es grande en el mundo. En cuanto a Inglaterra, júzgala siempre pensando en tu madre; de ese modo nunca nos juzgaras mal. Pero en cuanto a Alemania, me gustaría saber que durante toda tu vida te acordaras de tu niñez, suceda lo que suceda en Alemania, en Inglaterra, en todos los países cristianos.
Alemania es un buen país para los niños, Barbará. Ningún país ha comprendido tan bien como Alemania que todos los niños viven en la tierra de los elfos, y también que todos, hombres y mujeres, cuando éramos pequeños, hemos vivido allí durante un poco del tiempo. ¿Te acuerdas de aquellos hombrecitos con bonetes rojos que tú y yo dibujábamos para hacer con ellos mutuos regalos? Tu madre los ha encontrado, sin duda, en los bosques de Alemania; además, ella sabe muchas cosas respecto de las hadas que hay en Inglaterra. También aquí, en mi país, sabemos que todo lo que es muy bueno para los niños viene de Alemania. Por ejemplo, casi todos nuestros juguetes vienen de allá. Y cuando queremos nombrar al alegre anciano que, sin duda alguna, baja por la chimenea la víspera de Navidad (sea su nombre cual fuere, bien sabemos que viene), lo llamamos Santa Claus, como hacéis vosotros. El nuestro se llama Padre christmas; yo lo represente una vez en una fiesta infantil. Pero es demasiado grueso, para bajar por la chimenea.
Y ahora, Barbará, no teniendo nada más que decir, hablemos de las canciones, aunque es mucho mejor cantarlas que hablar de ellas. Muchos de esos pequeños poemas deben ser puestos en música. Como tú has nacido en Alemania, es posible que llegues a ser una música notable y les adaptes algún acompañamiento muy sutil. Pero si no ocurriera eso, no importa. Hay una que me gusta mucho y que comienza así:
Niñito del cumpleaños, tienes un año
¿Querías tener un trono de oro?
Esta canción me parece muy inesperada y muy linda. Pero no vayas a creer que tu madre tiene un trono dentro de la casa; ella es poetisa y los poetas muy raras veces tienen cosas semejantes. Pero es muy cierto que cuando los niños tienen un año de edad, como hemos tenido tú y yo, son tan simpáticos que se les daría todo lo mejor. La gran cuestión, Barbará, es esa: ¿Podremos seguir siendo tan simpáticos como éramos en esa época? Yo lo dudo, pero al menos podemos intentarlo. Sería muy divertido que lo consiguiéramos, y así, cuando tú te murieras, a los 97 años de edad, y yo a los 127, encontraríamos todavía en alguna parte un trono de oro. Yo no lo sé, Barbará, pero estoy seguro de que tu madre bien los sabe.
Tu desvalido padrino, Gilbert Chesterton.